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«La casa de Jack»: ¿Quién necesita a un loco?

El polémico Lars von Trier regresa con una propuesta radical plagada de estrellas

Matt Dillon en «La casa de Jack»
Matt Dillon en «La casa de Jack»
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Si el mundo necesita otra película de Lars von Trier solo lo saben sus más fieles seguidores; el resto, los mundanos a los que les cuesta entender lo radical de su propuesta, vive ajeno al cine del danés. Quien jamás le ha dado de lado han sido los festivales de todo el mundo, que le siguen invitando e incluso perdonando, como Cannes, donde estrenó este año «La casa de Jack» en sección oficial pese a haberle expulsado años antes por decir que sentía «simpatía» hacia Hitler. Su nueva película -que llega hoy a España- es un nuevo alarde de provocación y exhibicionismo en el que vuelve a proclamarse víctima de sus circunstancias. «Matar a 64 personas puede ser una obra de arte», confesó durante la entrevista.

Lars von Trier se ha pasado su carrera alterando las vidas de los espectadores. Siente verdadera fascinación por mostrar lo peor del ser humano. Jamás van a encontrar un bello atardecer en una película del danés. «No creo que “La casa de Jack” sea una provocación, he visto más violencia en muchas otras películas», admite a la defensiva. Pese a su coartada, en el filme vuelve a bombardear al público con imágenes de una glotonería sádica que aturden. De hecho, más de la mitad de la sala se salió a mitad de proyección en su paso por Cannes. Quizá el mundo necesite a otro asesino en serie para recordarle que existen, pero solo Lars von Trier parece querer normalizarlos.

Un provocador

«La casa de Jack» está estructurada en cinco capítulos contados por un asesino frustrado que, para variar en el cine del danés, va a la caza de mujeres. Incluso Matt Dillon tuvo dudas antes de aceptar el papel protagonista. «Me he pasado toda mi carrera recreando personajes estúpidos y esta película me daba la oportunidad de dar vida a alguien distinto», admitió el actor.

Sin dejar a un lado el aspecto moral del relato, Dillon reconoce que se metía en arenas movedizas al aceptar el personaje. «Por supuesto. No es una película fácil. Ya me han dicho que cientos de periodistas se salieron del pase. Pero también hay quien ha quedado fascinado con el resultado. Es lo que ocurre con Lars, vive en los extremos», explicó el actor.

Sin embargo, Dillon reflexiona y confiesa que en algún momento sintió vértigo: «Hubo momentos en los que pensé: “¿Qué estoy haciendo?” No puedo hacer esta película porque el tema es realmente desalentador. Sin embargo, había una parte de mí que estaba realmente emocionada por el potencial creativo de la historia. Von Trier es un visionario, uno de los verdaderos maestros, y aquí estamos explorando una parte de la naturaleza humana de la que sabemos muy poco. No puedo pensar en muchas películas que realmente hayan llevado al personaje a conversar consigo mismo en el infierno», sentencia. A pesar del interés compartido por el abismo, Dillon cuestionó al director. «No tengo ni idea de lo que llevó a Lars von Trier a verme como un asesino en serie, espero que solo haya sido mi talento como actor», confesó para rebajar la tensión.

Al fundador del movimiento Dogma 95 le sigue fascinando provocar y retar al espectador para ver si es capaz de aguantar hasta el final. Un público que se preguntará si realmente el cine necesita a un loco así, y no precisamente por el protagonista de la película sino por quien está tras la cámara.