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Carlos Vermut: «Nunca me he considerado un director de mujeres»

El cineasta regresa con «Quién te cantará» al Festival de San Sebastián, donde se consagró en 2014 al ganar la Concha de oro con «Magical girl»

Carlos Vermut, en el Festival de cine de San Sebastián
Carlos Vermut, en el Festival de cine de San Sebastián - AFP
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A falta de tres días para conocer el palmarés oficial de esta edición del Festival de San Sebastián, y sin una favorita en los mentideros de críticos y periodistas (quién sabe qué pasa por la cabeza de Alexander Payne, presidente del jurado) había ganas de ver lo nuevo de Carlos Vermut. El madrileño jugaba en casa -arrasó en 2014 con «Magical Girl», mejor película y dirección- y por aquí se vino con de las cuatro mujeres que protagonizan «Quién te cantará», un juego de espejos, personalidades y egos entre una diva de la música, Najwa Nimri, y su fan, Eva Llorach, que desde ayer es la gran favorita para la Concha de plata a mejor actriz.

P - ¿Hasta qué punto condiciona un éxito como «Magical Girl»?

R - Pues te condiciona porque sabes que va a haber más gente esperando la película. ¿Sabe qué pasa? Que ese ruido de ganar un premio dura unos meses. Luego te tiras dos años escribiendo a diario y esas cosas de premios no están presentes. No convives con esa sensación a diario. Así que no, en el día a día no condiciona nada; ¿si me acojona? Pues tampoco, porque el proceso diario de escritura es de lo más mundano.

P - ¿Y crece la ambición tras el éxito?

R - Pero porque hay más presupuesto. Piense que yo antes de director, soy guionista. Cuando me pongo a escribir no soy consciente del tamaño que tendrá una película. Bueno, miento. Todas mis películas las he empezado a escribir pensando que iban a ser más pequeñas de lo que son. Porque siempre pienso en hacer algo rápido. Esta iba a ser una historia de fantasmas, de terror así pequeña, y luego fue creciendo.

P - ¿Con una ambición más comercial?

R - No realmente. Esta película es una mezcla de momentos vitales, decisiones y ganas de hacer cosas distintas. No es que quisiese hacer una cosa más accesible. Llegar a más público porque sí, como objetivo final, no era una de esa mezcla de cosas.

P - Le habrán dicho, seguro, que la película tiene algo de «almodovariana»...

R - Me ha llegado, claro, es inevitable que la gente vea una película de estas características y la compare, para bien o para mal, con una de Almodóvar. Sí que ha pasado.

P - ¿Cómo lo recibe?

R - De terceros que lo mencionan. Así me llega. Nada más (risas)…

P - ¿Le molesta la etiqueta de «director de mujeres»?

R - No, no me molesta… Y si lo hiciera, ¿qué? ¿Y dónde me pongo esa etiqueta si no tengo ni Twitter? No me molesta, pero tampoco lo defiendo. Que no me moleste no quiere decir que esté a favor. Me da igual. Si me dice, ¿se considera un director de mujeres? Le digo que no. No es algo que me defina. Puede que los demás me identifiquen desde ahí, pero luego está el diálogo entre lo que yo pienso que soy y lo que los demás piensan que soy, que también tiene que ver con esta película. Nunca me he considerado un director de mujeres.

P - En ese diálogo del ser y parecer entra esta historia de identidades cruzadas y suplantación...

R - Somos lo que somos porque imitamos: a nuestros padres, a lo que nos rodea, a los famosos… En ese juego, aunque todo el rato estemos imitando, siempre evolucionamos, como especie y como personas. En ese resquicio entre lo que invitamos y en lo que nos convertimos, siempre está lo genuino. Y eso me interesa.

P - En ese juego de imitaciones, la película juega a mirar al pasado desde el propio título, que remite a Mocedades. ¿Vivimos en la nostalgia por un pasado que no siempre fue mejor?

R - Creo que todo se ha ido imitando cíclicamente hasta el nuevo milenio, donde ya se imitan todas las épocas del pasado a la vez. En la era postinternet, todo ha vuelto. Vivimos una época de nostalgia. Mira las series, todas tienen estética setentera, ochentera, noventera… Pero todo se parece a algo. Cada vez es más difícil ver algo que sorprenda, que no se parezca a otra cosa.

P - La música es clave en eso. ¿Por qué centró la historia en lo musical?

R - Siempre quise hacer una historia sobre una diva. Siempre fui fan de Rocío Jurado y las artistas así, que me parecen personajes muy interesantes.

P - Hay mucho melodrama en las divas. ¿El drama le permite llegar a los lugares más interesantes?

R - Es que no sé hacer comedia. Ni chistes. Bueno, chistes a partir del drama. Pero nunca he sabido hacer una película de humor, me parece que tienes que tener un talento especial. Me gusta mucho el humor negro, y en un momento de drama meter un guiño y que te saque una sonrisa. Tampoco tengo muy claro el género en el que estoy.