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El Cairo confidencial Tarik Saleh, el grafitero proscrito en Egipto que triunfa en el cine

El cineasta sueco, de origen egipcio, atiende a ABC antes de estrenar en España su nuevo thriller policiaco, «El Cairo confidencial», mejor película en el Festival de Sundance y en la Seminici de Valladolid

Tarik Saleh, durante el rodaje de «El Cairo confidencial»
Tarik Saleh, durante el rodaje de «El Cairo confidencial» - YEDRA FILMS
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Hace 21 años se estrenó «LA Confidential», uno de los mejores thrillers policiacos de la última parte del siglo pasado. La película, dirigida por Curtis Hanson, estaba enmarcada en Los Ángeles de los años cincuenta y trataba la historia de tres policías, a los que encarnaban Russell Crowe, Guy Pearce y Kevin Spacey, que, investigando un asesinato múltiple, terminaban descubriendo un complot a gran escala orquestado por las altas esferas de la ciudad. El filme fue tan aclamado como galardonado. Nominado a los Oscar en nueve categorías, se llevó la estatuilla Oscar a Mejor Guion Adaptado y a Mejor Actriz de Reparto por Kim Basinger, así como dos Globos de Oro y otros tantos Premios BAFTA.

Dos décadas más tarde, ve la luz en España «El Cairo confidencial», el tercer largometraje del director sueco de origen egipcio Tarik Saleh. Una película con tintes muy similares a la de Hanson –tanto, que su título en castellano es de lo más evocador: en su versión original se llama «The Nile Hilton Incident»–, pero que a su vez es muy diferente y que está inspirada en una historia real. «Está basada en una historia cierta, en el asesinato de una cantante libanesa –Suzanne Tamim– en 2008 por un policía egipcio pero que tiempo más tarde, se descubrió que lo hizo a petición de uno de los hombres de negocios más ricos del país, algo que todo el mundo parecía querer ocultar», cuenta Saleh a ABC. «Me interesó mucho el hecho de tener que investigar algo así. Cuando ocurrió, Mubarak –expresidente de Egipto– llevaba 30 años en el poder y lo tenía absolutamente todo bajo su control. ¿Cómo podía un detective investigar algo así, en un país en el que la policía sabe que hay ciertas cosas en las que no puede hurgar, que hay preguntas que no puede hacer y en el que el dinero lo compra todo?», se cuestiona el cineasta, que también es periodista.

Bajo esa premisa se construye «El Cairo confidencial», un filme que indaga en la muerte de una conocida cantante en la capital egipcia y para el que Saleh construyó un policía sin par: el agente Noredin Mustafa, al que da vida el intérprete Fares Fares (conocido por «Rogue One» o «Easy Money»). Un agente nada íntegro, pero no tan corrupto como los que le rodean y sin «nada que perder» para no dejar de investigar cuando sus superiores tratan de detenerle. «Esta película requería de un detective solitario y sin escrúpulos, que no se dejase corromper por el dinero. Alguien que se volviese un incordio, peligroso, que no se deje sobornar y que deje así de encajar en el sistema», argumenta el director sobre el detective, una especie de antihéroe, aunque entrañable, del Hércule Poirot de Agatha Christie. En ese sentido, su opción predilecta fue Fares, libanés de nacimiento... como la cantante muerta en la historia real en que se inspira la cinta.

Una atmósfera muy difícil

El filme queda enmarcado en los inicios de la Primavera Árabe, en 2011, y muestra el caos, el desorden y el expolio de «una civilización antigua, caótica y anarquista, que sobre el papel era una dictadura pero donde la gente hacía lo que le daba la gana». Lo expone siguiendo los mejores clichés del cine negro: entre cigarrillos, trajes, corrupción, violencia, asesinatos y hasta con una femme-fatale para construir un filme que está triunfando en todo el mundo, aunque a Saleh le ha vetado la entrada en Egipto, nación a la que le han «acusado de atacar». «Las autoridades me han dicho que si vuelvo allí, me arrestarán. Sé que no voy a poder volver a Egipto después de esta película y la gente me pregunta si me ha merecido la pena. Puede ser que no, pero sentía que tenía que hacer esta película. Porque ese es mi trabajo como director de cine: contar las cosas que sé que tengo que contar».

La cinta está cosechando éxitos importantes a nivel internacional. Se llevó el premio a Mejor Película Dramática en el Festival de Sundance y en el de Beaune, en Francia. También triunfó en la Seminici de Valladolid, donde fue galardonada con la Espiga de Oro a Mejor Película y también recibió el premio a mejor dirección y mejor guion. «La estrenamos en Sundance al día siguiente de que Donald Trump fuese investido presidente de Estados Unidos. No sabía cómo respondería la gente ante la película, pero allí me di cuenta de que la de mi largometraje no era una historia sobre Egipto y de que los estadounidenses la veían como algo no tan lejano con Trump en el poder».

Saleh, que se identifica mucho con el detective de su película, celebra la buena acogida de «El Cairo confidencial». En especial, entre un sesgo delimitado. «Estoy muy emocionado por la buena recepción que está teniendo entre los jóvenes en Egipto, porque son chicos muy valientes. Allí, la gente desaparece sin más, simplemente por preguntar o por hacer cualquier cosa. Es terrorífico, pero hay mucha gente que, pese a ello, está intentando por todos los medios ver mi película –prohibida en el país–, les pase lo que les pase», asegura.

Antes de su éxito como cineasta, el director triunfó en otro arte que, tal y como asegura, no es tan distante del cine: el grafiti, algo que le ha «ayudado mucho» en su faceta cinematográfica. «Como grafitero, empiezas sin nada más que tus ganas para hacer algo para lo que no pides permiso. Nadie te dice que los hagas, los haces porque quieres. Y paso a paso, porque si miras a la pared y dices: “¡Uf, cuánto trabajo!”, no lo harás, porque te sobrepasa. Sin embargo, si vas poco a poco, lo acabas. Es igual que una película: que la haces porque quieres, pasito a pasito, hasta que terminas», concluye el cineasta, que dirigirá un episodio de la nueva temporada de «Westworld», en la que también aparecerá Fares, y que sueña con triunfar con «El Cairo confidencial» en España.