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«Blackwood» o la consecución de un imposible

«Se estrena la cuarta película de Rodrigo Cortés, colaborador de este periódico con ese genial Verbolario que usted puede leer en la contra de ABC. Es, además, amigo mío. Con todo esto en contra, decida usted, lector, si seguir adelante en la lectura»

Uma Thurman y AnnaSophia Robb protagonizan lo nuevo de Rodrigo Cortés
Uma Thurman y AnnaSophia Robb protagonizan lo nuevo de Rodrigo Cortés - ABC
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Cuenta el Antiguo Testamento que Jefté, hijo de Galaad, juez de Israel, emprendió una guerra contra los amonitas. La batalla era compleja, en inferioridad numérica. Pero Dios estaba de parte de los israelitas, y en contra de los paganos y pérfidos amonitas, que adoraban a Baal y a Astaroth. Para conseguir la masacre que tanto ansiaba, Jefté le prometió a Dios una ofrenda de sangre: «Cualquiera que saliere de las puertas de mi casa a recibirme, cuando regrese victorioso de los amonitas, será de Jehová, y lo ofreceré en holocausto».

Jefté, pillo y ventajista, sabía que su perro, que conocía bien la manera de caminar del juez, era siempre el primero en trotar hasta el camino. Así que consiguió la ayuda divina y la deseada masacre. Cuando regresó al hogar, sin embargo, se encontró una sorpresa: era su única hija la que salía a su encuentro con panderetas y canciones. Y la tuvo, claro, que matar.

Pocos pasajes hay en la Biblia tan crudos como este del libro de los Jueces, ni tan poderosos. Esquilo nos contará de nuevo la historia en Agamenón, que sacrificará a Ifigenia para obtener vientos propicios. Y ahora, veinticinco siglos después, nos la cuenta, camuflada en un relato gótico-juvenil, Rodrigo Cortés. El cual, no importa la edad que tenga usted, debería ver.

Con voz propia

Si hay algo que he aprendido en los ocho años que hace que conozco al director gallego es que se mueve en la fina línea entre la terquedad y la insensatez. Maestro y enamorado de la palabra (lean alguna de sus Terceras), apasionado de la excelencia en el arte, le he visto rechazar muchos proyectos que le proponían desde Hollywood porque no se ajustaban a lo que él entiende que debe ser un director de cine: un autor con una voz propia, que cree algo hermoso y auténtico, lo más parecido posible a la imposible perfección.

Por eso, cuando Cortés me contó que iba a dirigir una película basada en una novela juvenil de Lois Duncan, con producción de Stephenie Meyer («Crepúsculo»), no entendí nada. Lo que parecía, lo que parece, es que iba a rodar una intrascendente película de terror para niñas adolescentes. Las antípodas de lo cortesiano. Qué equivocado estaba.

Cuando vi por primera vez «Blackwood», recibí tres valiosas lecciones. La primera, nunca hay que apostar contra la tenacidad de Rodrigo Cortés. La segunda, que es posible crear una obra maestra del cine partiendo de un material que, a priori, parece menor. La tercera, tan necesaria en nuestros tiempos de Twitter y Facebook: los juicios rápidos y categóricos conducen al abismo.

En «Blackwood», Rodrigo Cortés ha rodado una obra magnífica, intemporal e imprescindible. Es, sin duda, su mejor película hasta la fecha, y eso es decir mucho para alguien que encerró a Ryan Reynolds en una caja con un mechero durante 95 minutos.

Cinco adolescentes problemáticas se ven obligadas a acogerse a un programa experimental de enseñanza impartido por la enigmática Madame Duret (Uma Thurman) en el internado Blackwood. Pronto empiezan a mostrar talentos singulares que no sabían que poseían, y a tener extraños sueños, visiones, lagunas de memoria. Cuando la frontera entre realidad y sueño comienza a hacerse demasiado difusa, todas comprenden al fin el motivo por el que han sido llamadas a Blackwood. Y nosotros también. Entendemos que el Arte, con mayúsculas, tiene un precio. Comprendemos que la juventud, la juventud rebelde, la juventud prescindible, la juventud perdida, la juventud odiada y envidiada, es un precio muy bajo. Un sacrificio que entregamos con el corazón liviano en el altar de nuestra elección. Comprendemos que Cortés y Uma Thurman crean a una villana sutil, con la que podemos empatizar, a la que recordaremos siempre. Y que las niñas, las niñas perdidas y prescindibles, son cinco actrices de primera clase, entregando, dentro y fuera de la pantalla, un trabajo sobresaliente, en especial AnnaSophia Robb («La Bruja»).

«Obra magnífica, intemporal e imprescindible. Su mejor película hasta la fecha»
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Sin moralejas

La fotografía de Jarin Blaschke es sublime, la música de Víctor Reyes es magistral, pero todo eso no importa al final. Lo importante es que a Rodrigo Cortés le pidieron una película de terror para adolescentes y entregó una cinta excepcional en la que les habla a ellos, sin moralejas –y aún más a nosotros, a los que ya peinamos canas– con una fuerza arrolladora acerca del esfuerzo, de la belleza y de la importancia de la mirada. La misma que tendrá que llevar limpia a la sala de cine para disfrutar de esta gran película.