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J. A. Bayona: «Me interesa lo que piensa el público, pero no busco su favor»

El cineasta recibe una Espiga de Honor de la Seminci e imparte una clase magistral

J. A. Bayona, en la Seminci de Valladolid, este martes
J. A. Bayona, en la Seminci de Valladolid, este martes - Francisco J de las Heras
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La jornada de este martes ha sido especialmente intensa en la Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci) y de marcado acento español. De ello se encargaron cuatro de las Espigas de Honor que entrega el festival en esta edición: el actor Eduard Fernández, el programa «Versión Española» y los cineastas Iciar Bollain y Juan Antonio Bayona, que recibieron sendos reconocimientos en una gala dedicada a nuestro cine. Horas antes, el director la última secuela de «Jurassic World» (Barcelona, 1975) impartía en la Universidad de Valladolid ante un auditorio repleto y completamente entregado una clase magistral en la que habló de toda su trayectoria desde que salió de la Escuela Superior de Cine y Audiovisuales de Cataluña (ESCAC).

¿Y qué hacía este joven cineasta que se acaba de codear con Steven Spielberg en una superproducción estadounidense en un festival que se jacta de proyectar casi exclusivamente cine de autor? Pues, en primer lugar, defender que en el proceso creativo de un cineasta debe primar, ante todo, su «criterio personal». «Es lo más difícil de desarrollar», sostuvo ante los cientos de jóvenes deseosos de conocer la fórmula mágica que le ha llevado al éxito en todo el mundo. «Yo he seguido siempre mi instinto», defendió, y es lo que dijo haber recomendado también a sus alumnos de la ESCAC siempre que ha tenido la oportunidad: «A ellos les digo que no piensen en hacer cine con la idea de ser el siguiente Almodóvar».

Durante las dos horas y media que intervino en el Aula Mergelina de la Universidad de Valladolid el cineasta, guiado por el director del festival, Javier Angulo, repasó toda su carrera desde sus primeros contactos con el cine. En este sentido recordó que su primer contacto con una sala fue a finales de los 70 cuando «con tres o cuatro años» vio a Christopher Reeve meterse en la piel de «Superman». Se obsesionó de tal manera con el personaje que sólo quería ser el superhéroe. «Sólo cuando vi que no podía ser Superman por las leyes de la física me quise ser director», bromeó ante los asistentes.

Generación de cineastas

El director de «Lo imposible» señaló que al igual que otros compañeros de su generación como Paco Plaza, Alejandro Amenabar o Jaume Balagueró tuvo «la inmensa suerte de haber crecido con único canal de televisión» donde en aquella época era muy común ver ciclos dedicados a grandes del séptimo arte como François Truffaut o Akira Kurosawa: «Recuerdo que me aprendía de memoria las fichas del teleprograma. Fue entonces cuando empecé a entender que los directores son los que hacen las películas».

También de mano de uno de los grandes, el maestro Chicho Ibáñez Serrador: «Nos abrió a un mundo que no conocíamos». Bayona rememoró también la especial vinculación que mantiene con su padre, amante del cine y la pintura, aunque sus orígenes humildes le impidieron desarrollar su faceta artística. De él ha heredado su afición por el dibujo –es un estupendo dibujante de story boards, reseñó Angulo- y en él se inspiró para «arrojar luz» a «Un monstruo viene a verme» (2016), cuando el autor de la novela, Patrick Ness, estaba preocupado por cómo resolvería Bayona la muerte de la madre del protagonista.

Echando la vista atrás dijo que fue en la ESCAC cuando realmente sintió que estaba donde tenía que estar. «¡Llegué a una clase en la que se podía hablar de cine!», No obstante recordó que su apetito voraz por ver películas se había despertado mucho antes de ingresar en la escuela. También antes fue su primer contacto con el Festival de Sitges, donde conoció a Guillermo del Toro que luego produciría su primer largometraje: «El Orfanato» (2007): «Siempre me ha gustado la idea del cine como evento y eso sólo se produce en el cine fantástico».

También fue en la escuela catalana donde aprendió una manera de trabajar» que hoy le siguen acompañando, y donde hizo «tribu», ya que algunos de sus compañeros siguen trabajando a sus órdenes. Ante las nuevas generaciones presentes en el auditorio, Bayona insistió en que lo que hace «más bueno» a un proyecto es la nota personal. Señaló que en todos sus trabajos hay un intento de «buscar la verdad» y defendió que «el cine es un espejo deformante y la realidad que nos da a nosotros mismos es más perfecta que la propia realidad».

Desde su primera película, el cortometraje «Mis vacaciones» (1999) –proyecto de fin de carrera– con el que se estrenó en Seminci, apuntó que una de sus obsesiones ha sido «trabajar mucho el guión y la historia», lo que luego le ayuda a «poder improvisar» en el lugar del rodaje y de manos de los actores porque «lo complicado es que nadie te enseña a dirigirlos». También destacó la importancia que ha concedido a la música y al silencio «en contraposición con la armonía».

Después de rodar anuncios de televisión y videoclips para Camela, OBK o Enrique Bumbury, se lanzó a rodar su primer largometraje «cuando pensé que estaba técnicamente preparado». Fue el «factor suerte Guillermo de Toro» quien le permitió rodar «El Orfanato». En este sentido recordó que en todo director «hay una parte de hombre de negocios» y que el cine «tiene esa doble vertiente de arte y negocio». Respecto a la parte de «arte» confesó que rodar es «físicamente agotador» y sólo da directrices cuando realmente está convencido de ello.

Contaminado de opinión

Respecto al papel de la crítica sostuvo que le «interesa» lo que piensa el público pero «no busca» su favor. «Ante todo hay que ser honesto consigo mismo», señaló, aunque admitió que tener «tener criterio personal es difícil en un mundo contaminado de opinión».

Fue con «Lo imposible» (2012), con Naomí Watts y Ewan McGregor cuando dijo haber tenido por primera vez la sensación de estar haciendo «una gran película», aunque su trabajo más personal hasta la fecha ha sido «Un monstruo viene a verme»: «La suerte en Europa es que la película sigue siendo del director». No le pasó con su último proyecto, aunque ya sabía a lo que se enfrentaba. En cualquier caso, señaló que en todo momento mantuvo una «especial» sintonía con Steven Spielberg: «Cuando entra en una habitación te hace sentir que el importante eres tú. Esa es su gran talla», señaló al ser preguntado si le impuso trabajar con el estadounidense. Cinéfilo empedernido –confesó que al menos va a una sala una vez a la semana–, confesó que tras la gran superproducción le apetece «volver a casa» y seguir implicado en la producción porque, añade, «enriquece ver las cosas desde otro ángulo».