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Ayudas al cine: La industria española busca un modelo que la equilibre con su entorno

El IVA al 21% es una rareza respecto a otros países que sí rebajan el impuesto al sector. Alemania subvenciona incluso las palomitas

Emma Suárez, triunfadora en la última gala de los Premios Goya, la gran ceremonia del cine español
Emma Suárez, triunfadora en la última gala de los Premios Goya, la gran ceremonia del cine español - EFE
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Desde que en 2012 entrara en vigor el IVA al 21 por ciento para las entradas de cine -junto a otras actividades culturales- la industria audiovisual no ha dejado pasar ninguna oportunidad para exigir que se bajara de nuevo al 8%. Con el anuncio el pasado 31 de marzo de que el cine quedaba fuera de la reducción del IVA al 10% para espectáculos en vivo, el sector amenazó con unas protestas que no se llevaron a cabo. A cambio, el Gobierno anunciaba para 2017 un incremento del presupuesto al cine, que sube de los 74,5 millones del 2016 hasta los 84,8, según lo publicado en el BOE de cada año. Una medida que debe compensar, en parte, las ayudas pendientes de 2015, año en el que entró en vigor la ley del cine.

Ayudas a los rodajes

España, como otros países del entorno, tiene deducciones fiscales para atraer rodajes extranjeros. Van desde el 15% (con un máximo de dos millones y medio de euros) para filmes de fuera y del 20% para los nacionales (con una deducción máxima de tres millones). Claro que aquí entran en juego las Comunidades Autónomas, con diversos tipos de ayudas, entre las que destacan Canarias y Navarra, que ofrecen desgravaciones de hasta un 35%.

El cine español ha vivido en un constante movimiento que complica su radiografía desde la aplicación del nuevo IVA. El coste de hacer una película -esto es, la media de los presupuestos- ha caído. En 2011 se situaba en los 3,5 millones de euros, en 2012 descendió a los 2,3 millones y en 2013 repuntó ligeramente hasta los 2,6. Sin embargo, fue un espejismo. Desde entonces no ha dejado de caer hasta los 1,8 millones de media de 2016, según FAPAE.

La taquilla española se ha disparado en este tiempo: 2016 fue un año récord para los filmes nacionales, que recaudaron más de 100 millones y mantuvieron una tendencia al alza que viene desde 2014. Pero este récord no ha ayudado a las salas, que son las que más han sufrido. Entre 2012 y 2015 cerraron 415, si bien es un descenso progresivo que venía desde el año 2005. En este tiempo los cines han vivido un proceso de digitalización -sin ayudas- y han asumido parte del incremento del IVA para no subir las entradas, cuyo precio es de 7,27 euros de media.

Alemania: Tarifa reducida del siete por ciento

Por Rosalía Sánchez, corresponsal en Berlín.

El impuesto general del IVA en Alemania es del 19%, pero el cine es favorecido con la tarifa reducida del 7%, junto con muchos productos alimenticios, facturas médicas, transporte de pasajeros, periódicos, hoteles y acceso a otros eventos de entretenimiento o deportivos.

Concretamente, el párrafo 12 número 2.7b de la Ley de Impuesto de Valor agregado dice que queda reducido al 7% «en el suministro de películas para su valoración y consumo, así como en la proyección de las mismas».

Desde 2011, además, gracias a una sentencia del Tribunal de Finanzas de Múnich, se acogen también a este IVA reducido las palomitas y refrescos, así como los perritos calientes y otros productos que ofrecen los cines a sus clientes, argumentando que, si bien no son estrictamente bienes culturales, «pertenecen al entorno» cultural del cine.

La pugna que el sector cultural mantiene actualmente con las autoridades europeas no es por el cine, sino por los libros electrónicos, hasta ahora excluidos del IVA reducido.

Los ministros de Cultura de Francia, Alemania, Italia y Polonia han exigido en una declaración conjunta a la Comisión Europea que introduzca ese cambio, ya que «la naturaleza del libro tiene que ver con la obra que contiene y no con la manera de acceder a éste», por lo que la fiscalidad aplicable debe «respetar un principio de neutralidad tecnológica».

Italia: 400 millones e IVA reducido

Por Ángel Gómez Fuentes, corresponsal en Roma.

El cine italiano sufre la crisis económica, aunque en noviembre pasado se aprobó en el Parlamento una nueva ley, esperada desde hace más de 50 años, con el fin de relanzar un sector que el Gobierno considera estratégico desde el punto de vista cultural, social y económico. Se le aplica la cuota reducida del IVA: 10%. El punto clave consiste en la creación de un fondo que nunca podrá bajar de los 400 millones de euros al año.

En la ley se introducen instrumentos automáticos de financiación con fuertes incentivos para jóvenes autores y para quien invierte en nuevas salas. Preocupa especialmente la desaparición de cines en las periferias de las ciudades, en los pequeños municipios y en los centros históricos, cuya vida se ha visto animada durante decenios por el séptimo arte. Para activarla nuevamente se ha previsto un plan extraordinario de 120 millones de euros en cinco años, con ánimo de reabrir las salas cerradas y abrir otras nuevas. Se destina también una serie de recursos para la difusión del cine en las escuelas y en la digitalización.

Los datos económicos no son muy halagüeños. La temporada del 2016 se cerró en positivo gracias al resultado espectacular de «¡No renuncio!» (Quo vado?) de Checco Zalone, que con sus 65 millones de taquilla y más de nueve millones de entradas vendidas salvó el honor del cine italiano. Gracias a esa película, que por sí sola representó el 8% del mercado total, el 2016 se cerró con 105 millones de billetes vendidos y 662 millones de taquilla (+3,86 por ciento que el año anterior). La oferta se considera excesiva: 554 películas, de ellas 208 italianas, se exhibieron en las salas durante el 2016.

Francia: Hollywood paga las subvenciones del cine galo

Por Juan Pedro Quiñonero, corresponsal en París.

El cine francés es uno de los más protegidos y subvencionados del mundo y el IVA de las entradas es del 5,5 por ciento. La fiscalidad que pesa sobre los grandes éxitos de taquilla internacionales permite conceder ayudas nacionales masivas. El Centre National du cinéma et de l’image animée (CNCIA) percibe un 11% del precio de cada entrada de cine y un 2% del precio de cada DVD. Ese dinero es «redistribuido» por el Estado para financiar la producción y realización de películas francesas.

En su día, el director Claude Chabrol, comentó ese modelo fiscal a ABC en estos términos: «Fue una idea genial del general De Gaulle: ponemos un impuesto directo a los grandes éxitos de Hollywood y, con ese dinero que cobramos en la taquilla, podemos pagar nuestras locuras nacionales».

Según las cifras oficiales, las ayudas directas del CNCIA suponen entre el 15 y el 20 por ciento del presupuesto de las películas francesas.

El 12% del salario de los actores, el 10% del salario de los guionistas y realizadores, el 19% del de los técnicos y el 5% de los ingresos de los productores se pagan con subvenciones. Además, hasta el 30 por ciento de los gastos de rodaje también son subvenciones.

En Francia existen unos 2.000 cines, con un millón de asientos en total, que venden más de 200 millones de entradas anuales. El ingreso medio por sala y cine es de un millón o millón y medio de euros, anuales.

Un 40% de las películas proyectadas en los cines franceses es de origen o producción nacional.

El servicio público audiovisual y las cadenas de televisión privadas están obligadas a participar en la producción de cine nacional. Hasta un 30 por ciento de las películas realizadas en Francia cuentan con la participación presupuestaria de la televisión estatal o privada.

Reino Unido: Exenciones fiscales del 25% y 500 millones en ayudas

Por Luis Ventoso, corresponsal en Londres.

En el Reino Unido el cine se considera un asunto de Estado, tanto para los gobiernos conservadores como para los laboristas, porque proyecta la imagen del país en el mundo (el llamado «poder blando») y por su importancia económica.

Londres es hoy uno de los tres mayores centros de producción de películas del planeta. La industria del cine británica mantiene 40.000 empleos fijos, que contando los eventuales suman más de 120.000. Basándose en una política que mezcla alta preparación técnica y ventajas fiscales, Londres ha sido escenario del rodaje de filmes tan populares como la última entrega de «La guerra de las galaxias», la serie Batman o «Fast and Furious».

El sector florece con empresas muy avanzadas en efectos especiales. Los veteranos estudios Pinewood han sido ampliados con una inversión de 240 millones de euros. La industria del cine está fuertemente apoyada por la Administración, de la que recibe cerca de 500 millones de euros al año. La mayor partida la aportan las exenciones fiscales para la producción de películas, que suponen el 61% de las ayudas. Lotería Nacional supone el 15% del dinero y las ayudas directas del Ministerio de Cultura, un 8%.

El Brexit perjudicará también al cine, porque la UE concede 10 millones de euros al año para la producción de películas británicas y 7,7 en ayudas para promover su exportación. Según cifras oficiales, entre 2007 y 2009 se destinaron 8.000 millones de euros de inversión estatal para el sector del cine.

El Ejecutivo se jacta de que estamos «en una edad de oro de las industrias creativas británicas».

Las exenciones fiscales se introdujeron en 2007 y en abril de 2015 el porcentaje exento se elevó al 25% para películas de todos los presupuestos. El Gobierno calcula que cada libra en exenciones fiscales al cine genera 1,24 libras para la economía nacional.