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La auténtica historia de Robin Hood: el ladrón que se enfrentó a un príncipe normando

Leyenda medieval de Inglaterra, donde se le atribuyen centenares de nombres diferentes, ha tenido un recorrido desigual en los cines, donde no termina de arrancar pese a contar con emblemáticos héroes como Russell Crowe, Kevin Costner o Erroll Flynn. Ahora le llega el turno a Taron Egerton, que cambia el traje de Kingsman por la capucha verde del arquero

Taron Egerton en «Robin Hood»
Taron Egerton en «Robin Hood»
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Un campesino harto de los impuestos reales, un conde sublevado o un simple ladrón. También un forajido escondido en el bosque de Sherwood o en el condado de South Yorkshire, oculto del malvado sheriff de Nottingham y del príncipe normando Juan sin Tierra, que aprovechan la ausencia del rey Ricardo Corazón de León, combatiendo en la Tercera Cruzada, para intentar usurparle el Trono. Rebelde también contra Eduardo II o Enrique III de Inglaterra, pero siempre diferente: con la curtida cara de Russell Crowe, el fino semblante de Errol Flynn y hasta bajo la apariencia de un zorro. Existen tantas referencias a Robin Hood en la literatura medieval británica como películas sobre el arquero de capucha verde. Todas, valga la paradoja, igual de irregulares.

Icono de los sajones frente a los normandos, ladrón de ricos y héroe de pobres, la leyenda sobre ese hábil arquero inglés defensor improvisado de los derechos de los oprimidos, que vacía las arcas henchidas de forma injusta para dar de comer a los que no tienen nada que llevarse a la boca, ha sido motivo de crónicas, poemas e incluso de referencias históricas, si bien las fuentes de sus gestas son tan confusas como prolíficas, sobre todo desde los siglos XIII y XIV. Casi todas ellas apuntan a Inglaterra, donde, además de mil caras, Robin Hood tuvo también centenares de nombres, siendo los más habituales Robert o Robin. Sin embargo, su apellido ha sido foco de debate generalizado, siendo su significado más extendido el de la traducción de «Hood», truhán en inglés. Aunque también hay quienes se han referido a él como Robin de los Bosques, lo más probable es que sea una variante de «Wood», bosque en castellano, de sonoridad similar.

Aunque perpetuado por los británicos, la influencia de este paladín medieval resuena no solo en novelas como «Ivanhoe», publicada por Walter Scott en el siglo XIX, sino también en un «bandido caballero» italiano que figura como un ser cruel en el sexto canto del Purgatorio de la «Divina Comedia» de Dante Alighieri y como un delincuente de valores honestos en la obra de Boccaccio «Ghino di Tacco y el abad de Cluny», donde el ladrón cambia Locksley por la italiana Siena.

En taquilla... de mal en peor

El mito estandarizado proviene, con toda probabilidad, de la mezcla de varios personajes reales y ficticios, una figura transfigurada por la tradición oral de varias generaciones, por la profusión de obras literarias y películas, protagonizando más de una treintena, con desigual calado y recorrido en taquilla. La última, con Taron Egerton al frente de un reparto en el que sorprendentemente se encuentra también Jaime Foxx como el proscrito Little John, se estrena este 5 de diciembre en España y aspira a revertir un recorrido en el que sus gestas han reduciendo progresivamente sus ingresos con cada nueva cinta para la gran pantalla.

El filme protagonizado por Kevin Costner, estrenado en 1991, anotó la mejor taquilla del príncipe de los ladrones, con 165 millones y medio de dólares en EE.UU. según Box Office Mojo, mientras que el periplo del bandido de Russell Crowe se frenó en los 105 millones en la recaudación doméstica. Con peor dato de apertura en su estreno en Estados Unidos, 9.195.670 de dólares, puede que Egerton no pueda emular con su Robin Hood lo que sí logró como miembro de la elitista Kingsman.

El bandolero social

Donde más han calado las aventuras de este proscrito inglés, sin embargo, es en el imaginario colectivo, perpetuando en la sociedad una imagen blanqueada de lo que al fin y al cabo es un criminal. Un mito al que, según el historiador británico Eric Hobsbawm, se le perdonan sus extorsiones, robos y demás procedimientos a sus víctimas porque al desafiar a los que tienen o reivindican el poder, la ley y el control de los recursos desafía simultáneamente al orden económico, social y político. «La esencia de los bandoleros sociales es que son campesinos fuera de la ley, a los que el señor y el Estado consideran criminales, pero que permanecen dentro de la sociedad campesina y son considerados por su gente como héroes, paladines, vengadores, luchadores por la justicia, a veces incluso líderes de la liberación, y en cualquier caso como personas a las que admirar, ayudar y apoyar», escribió Hobsbawm en «Bandidos».