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Amazing Grace El documental perdido que rescata el éxtasis de Aretha Franklin en «la Capilla Sixtina del Góspel»

En 1972, Sydney Pollack filmó un concierto de la reina del soul que ahora se ha podido restaurar tras décadas en un sótano

Escena del documental Amazing Grace, con Aretha Franklin
Escena del documental Amazing Grace, con Aretha Franklin
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En los márgenes de la historia del cine todavía quedan películas por descubrir, aunque sus protagonistas sean tan cenitales como Sydney Pollack y Aretha Franklin. En 1972, el director de «Danzad, danzad, malditos» y «Memorias de África» se trasladó a Los Ángeles, a la iglesia bautista misionera de New Temple, para grabar en directo el concierto de una joven cantante por entonces semidesconocida. Lo que ocurrió allí era, hasta hace no muchos años, un misterio a medio camino entre la leyenda y la realidad. La voz portentosa de la reina del soul llevó al éxtasis a los ocupantes de aquel templo religioso durante dos noches.

Tanto fue así que de las 200 horas de material grabado, repleto de rostros sudorosos con los ojos fuera de las orbitas y sonrisas celestiales, no se pudo salvar nada. Un error de novato del director dio al traste con el trabajo: no utilizó la claqueta antes de rodar, lo que hacía imposible sincronizar el audio con la imagen. Así, los metros y metros de celuloide se escondieron en un sótano de Warner a la espera de que la memoria de los participantes borrara el vergonzoso fallo.

Décadas después, el productor musical Alan Elliott se hizo con los derechos del material tras conocer la historia. Con técnicas modernas, y con muchas horas de trabajo, se pudo terminar la posproducción. El concierto de lo que sería el álbum «Amazing Grace» grabado en la iglesia de New Temple, que después se conocería como la «Capilla Sixtina del Góspel», dejaba de ser una leyenda para ser algo tangible, pero faltaba un último escollo: el ego de la cantante. En vida, la reina del soul litigó hasta el final para prohibir su emisión. No fue hasta su muerte que sus herederos, tras ver el resultado final, dieron su aprobación.

«Nunca me rendí, no sé si fue por la fe o por Dios, seguí luchando para sacar el proyecto», contó a ABC el director Alan Elliott. Y ni siquiera la guerra con Aretha Franklin le hizo desistir: «Nunca me afectó. Es como el chiste de “Annie Hall”, en el que alguien dice: “Mi tío se piensa que es una gallina, pero no le decimos nada porque necesitamos los huevos”. Aretha era un problema, pero no podíamos seguir sin ella...», contaba el también productor musical. Al final, lo importante: el resultado es una fiesta de 90 minutos en la que dejar de cantar no es una opción para el espectador.

El problema con Sydney Pollack

«Sydney nunca reconoció lo de la claqueta», contaba a ABC el cineasta, un personaje que apareció en San Sebastián vestido como si fuera el Joker de Joaquin Phoenix –traje de rayas, calcetines a cuadros, corbata que parece diseñada por alguien con un mal viaje de LSD, un pañuelo amarillo chillón, camisa azul eléctrico, una chapa en la solapa con mensaje político...– «Hablé con Pollack durante horas, hablábamos y hablábamos de la película, que si usó cinco cámaras, que si el equipo que llevó... Siempre a nivel teórico, pero nunca me la quería enseñar, hasta que un día me cansé y le dije que me enseñara el material. Me miró con una cara de: "Pero tú sabes quién soy yo"», recuerda el particular cineasta.

«En la siguiente conversación que tuve con él ya sabía que estaba muy enfermo. Le dije que no se preocupara, que sabía que lo del cáncer de páncreas, y me dijo: "No estoy enfermo, estoy jodido y me voy a morir". Ahí ya me confesó que yo conocía la película mejor que nadie y llamó al estudio para que me dieran todo el material y pudiera acabar la película. Aún así, en ese momento, no me reconoció que no había usado la claqueta y que por eso no se pudo estrenar»recuerda. «Era orgulloso, no quería admitir que se había equivocado. Llegó a decir que el problema era con el contrato de Aretha, hasta tal punto que ella misma se lo creyó», recuerda.

Tanto lo creyó la cantante que llegó a exigir 50 millones de dólares por los derechos que todavía conservaba. Un despropósito. «Aretha quería ser una estrella de cine y después de Woodstock le prometieron esta película con este gran director, mientras Diana Ross estaba haciendo 'Lady sings the blues' (sobre Billie Holliday). Aretha quería eso y Sydney no se lo dio», contó en otra entrevista con Efe.

La idea de devolver a la diva a sus orígenes musicales fue una audacia de su productor en Atlantic Records, Jerry Wexler, en un momento en que ya había colocado en lo más alto de las listas éxitos como «Respect», «Natural woman» o «Chain of fools». «Amazing grace», un tributo a la música de su juventud, se convirtió en el álbum más vendido de su carrera. El lugar elegido –la Iglesia Bautista– estaba liderada por el polémico reverendo James Cleveland, que la acompaña al piano y contrarresta la solemnidad del recital con sus discursos al público y su sentido del humor.

Sorprende ver entre el público los rostros de unos jovencísimos Mick Jagger y Charlie Watts, embelesados. También están su padre, el reverendo C.L Franklin, y la cantante Clara Ward, una de las grandes influencias de Franklin.