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Alita: ángel de combate El sueño frustrado de James Cameron

El director de «Titanic» quiso llevar al cine el manga de Yukito Kishiro que Guillermo del Toro le recomendó, pero «Avatar» se cruzó en su camino y decidió hacerse a un lado, dejando su huella en el guión de «Alita: ángel de combate» y en la elección de su sustituto, Robert Rodríguez

James Cameron y un montaje entre Alita: ángel de combate y Avatar
James Cameron y un montaje entre Alita: ángel de combate y Avatar - Youtube
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El sueño de James Cameron no se hundió con el Titanic ni tampoco estaba en Pandora, el mundo que le ha tenido absorto durante años. Se encontraba en Japón y, lejos del azul de sus avatares, tenía los ojos gigantes y era de metal. Se llamaba Alita, una cyborg que, como su Terminator, tenía corazón debajo de todo ese engranaje tecnológico. Y fue su colega Guillermo del Toro quien le lanzó el señuelo a finales de los noventa, gestando una idea que, a pesar de tardar en desarrollarse, ha encontrado luz al final del túnel.

El cineasta mexicano le recomendó a su amigo un anime de culto estrenado en 1993 que adaptó los dos primeros tomos de uno de los mangas ciberpunk más exitosos del continente asiático; una serie de novelas gráficas de nueve volúmenes que Yukito Kishiro publicó hace casi tres décadas y que juega en la misma liga que «Akira» o «Ghost in the Shell». «Tuve una reacción emocional ante la obra. Mi reacción fue muy intensa porque mi hija mayor era joven en aquel momento y vi en ella una gran historia sobre el empoderamiento femenino», comentó Cameron. «Luego comencé a revisar los libros y me di cuenta de que Kishiro había creado este mundo increíblemente variado y detallado, lleno de potencial cinematográfico».

Poco esperaba Alita, originalmente llamada Gally, que en su misión, un viaje de supervivencia y descubrimiento de su propia identidad, terminaría casi treinta años después espoleada por gritos en mexicano («rodarán cabezas, Alita») en lugar de por kanjis japoneses. No en vano, en una carambola del destino, la cyborg de ojos gigantes ha sido esculpida por varios hombres. Por su complicada agenda, Cameron se desvinculó de la dirección de la adaptación hollywoodiense que llega este viernes a las pantallas españolas, figurando únicamente como productor y coguionista de un proyecto que le regaló a Robert Rodríguez, criado en una familia de inmigrantes mexicanos. «Traté de basar la historia en la realidad, como hace él. Intenté honrar su estilo porque eso es lo que siempre quise: ver la Alita de James Cameron», dijo Rodríguez. Con el sello de este y la mano del director de «Sin City», fanático de los manga de Kishiro, «Alita: ángel de combate» replica la historia original del manga nipón, calcando con fidelidad su trama y la construcción de unos personajes en los que el peso de las emociones es un factor diferencial respecto a otras películas de ciencia ficción.

En esta autómata se nota también la mano del doctor Ido (Christoph Waltz), que se encuentra en un vertedero de chatarra la cabeza de Alita (Rosa Salazar), e, inspirado por Geppetto, le da a la cyborg adolescente el cuerpo de su hija fallecida, convirtiéndose en una especie de figura paterna para esa versión robotizada de Pinocho.

Con unos efectos digitales dignos del genio tecnológico que es James Cameron, las traiciones, las peleas y los romances del manga toman vida en esta distopía ciberpunk y postapocalíptica que pretende conquistar ahora al público de todo el mundo.

La ambiciosa adaptación del cómic manga de Yukito Kishiro viaja a un futuro en el que una gran guerra ha desolado la Tierra, dejando intactas solo dos ciudades, la Ciudad de Hierro, en la que recalan todos los supervivientes del planeta, y Zalem, una urbe flotante inaccesible para cualquiera que no sea uno de sus poderosos habitantes que, con una gema en la frente, subsisten gracias a los servicios de sus «esclavos» del «submundo».

Analogías con la realidad

Pese a desarrollarse en el siglo XXVI, la cinta no pierde de vista la actualidad, sirviendo de metáfora para los refugiados, los mexicanos y el muro que Donald Trump sigue empeñado en levantar. Porque, aunque según Waltz «no hay analogías directas», las historias sirven de cebo a la sociedad, alentando a la gente «a descubrir el mundo». «¿Acaso no vemos a nuestra sociedad reflejada en la cinta?» -se pregunta en una entrevista con ABC-. «Sean subliminales o no, estas analogías son inevitables en una buena historia. Por eso funciona “Alita: ángel de combate”».

Algo que, a pesar de que todavía no ha pasado el test definitivo, el del público, parece haber convencido también al padre de la serie de novelas gráficas originales, Yukito Kishiro, que reconoció en Twitter: «El corazón del manga fue brillantemente adaptado en la película, incluyendo las emociones de los personajes y su razón de ser, que se reflejaron perfectamente en la pantalla, así que estoy muy feliz».

Incluso durante una visita al set de rodaje, el japonés no podía creerse hasta dónde había llegado su manga dibujado a mano, ni de qué forma sus personajes, su mundo, habían cobrado vida gracias a esa recomendación que Guillermo del Toro le hizo a James Cameron en los noventa. Kishiro todavía recuerda emocionado ese momento surrealista en el que caminó por las calles que, de alguna manera, habían existido solo en su imaginación: «Realmente fue como un sueño», admitió el creador del manga. «Me siento muy honrado por lo que James y Robert crearon». Un sueño que, ahora, está de nuevo al alcance de todos con la película.