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Adicciones y muertes sospechosas: la tragedia de los juguetes rotos de Hollywood

Después de una vida de penurias, Marilyn Monroe y Judy Garland aparecieron muertas en sus respectivos baños. Una sobredosis se llevó el talento precoz de River Phoenix, a los 16, a las puertas de un club de Johnny Depp. Muchas estrellas

Marilyn Monroe y River Phoenix
Marilyn Monroe y River Phoenix
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A Hollywood le gustan las historias. Vive de ellas. Las del auge de personas desconocidas, las de su caída a los infiernos. Historias que dan dinero y premios, pero cuyo éxito a veces deriva en finales menos felices. La fama pasa factura, y el último en engordar la interminable lista de juguetes rotos de la industria ha sido Kit Harington, Jon Nieve en la exitosa serie de «Juego de tronos» y previsible carne de superproducciones como «Pompeya», que ya protagonizó en 2014.

Sobrevivió a los Caminantes Blancos y a los dragones, a la ambición desmedida y hasta a la muerte. Pero no pudo hacer lo mismo con el éxito. Casi una década después de ponerse la capa para protegerse del invierno, el bastardo sin identidad ni título pese a ser el legítimo heredero del codiciado Trono de Hierro ha pagado las consecuencias de un reconocimiento hasta la fecha inédito en su carrera. Descendiente de Carlos II de Inglaterra y del inventor del inodoro, John Harington, el intérprete ingresó en una clínica de desintoxicación de Connecticut poco antes de que se emitiera el capítulo final de la serie. Necesita descansar, huir de la presión y también del alcohol, que motivó la necesidad de su rehabilitación.

El británico no es el único que ha sucumbido a las exigencias de la industria, y peor aún, a las consecuencias de formar parte de esta élite.

River Phoenix pasó su corta vida huyendo de los clichés, pero terminó convertido en uno. Estrella adolescente, fue en apenas unos años chapero drogadicto y narcoléptico, el joven Indiana Jones y líder de una pandilla en busca de un cadáver. Sin embargo, su talento precoz, aprovechado solo en quince títulos, se esfumó por una sobredosis, en 1993.

Torturado por lograr algo inédito, a Heath Ledger le superó el papel del Joker, el único de la historia en obtener un Oscar. El talentoso intérprete, que demostó su arrojo en «Brokeback Mountain», perdió la lucha «contra sus demonios internos» y no vivió lo suficiente para disfrutar de su estatuilla, ni tampoco de la hija que tuvo con Michelle Williams.

Marilyn Monroe desquició a Billy Wilder en el rodaje de «Con faldas y a lo loco», incapaz de memorizar una frase tan sencilla como «Soy yo, Sugar», para la que necesitó unas cincuenta tomas. Sin embargo, el director austriaco reconoció en más de una ocasión que era fundamental para la comedia perfecta. Su papel era el más flojo, así que necesitaba a la actriz más fuerte. Su imagen, sexualizada hasta la saciedad, contribuyó a minar su estado de ánimo. Se especuló con el suicidio cuando la encontraron desnuda, con el teléfono descolgado y una sobredosis de barbitúricos. Por entonces estaba leyendo «Matando a un ruiseñor». Tenía 36 años. Más de medio siglo después de la muerte de Norma Jean Baker, la bomba rubia, todavía siguen las conspiraciones.

Judy Garland ya era una promesa del Hollywood dorado cuando protagonizó «El mago de Oz». Tenía 16 años, pero su Dorothy debía aparentar doce. Por entonces ya era adicta a las pastillas, que Metro Goldwyn Mayer le proporcionaba a los actores para que aguantaran las horas de trabajo. La obligaron a utilizar ajustados corsés y sufrió acoso sexual durante el filme. Ganó un Oscar especial a la mejor actriz juvenil, pero también muchos problemas: su inseguridad se acentuó, en parte por el magnate Louis B. Mayer, que la llamaba «mi pequeña jorobada»; sufrió anorexia y problemas psicológicos y se entregó al alcohol. El American Film Institute la ha catalogado como la octava mejor estrella de la historia del cine, pero su vida personal era un desastre. Cinco matrimonios, varias adicciones y disturbios financieros después, Garland murió de forma prematura a los 47 años. También en el baño de su casa. La versión oficial certificó la causa de su fallecimineto en un paro cardíaco, pero fue una sobredosis involuntaria de barbitúricos la que acabó con su vida.

Macaulay Culkin pasó de vivir solo en casa a consumirse en adicciones, de las que se recuperó gracias a la música y a un nuevo amor. Después de una carrera ya consolidada en la industria, a Ben Affleck ni el traje de Batman le libró de las recaídas con Johnnie Walker. «Quiero que mis hijos sepan que no hay de qué avergonzarse por buscar ayuda cuando la necesitas», admitió el pasado verano al volver a rehabilitación por tercera vez.

Hollywood, además de una cantera de estrellas, es una máquina de fabricar juguetes rotos. Pero ni todos los dramas se gestan en la meca del cine ni terminan en obituario. A veces se impone la cordura y se frena a tiempo. Un final digno no tiene por qué terminar en tragedia.