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35 años de «Karate Kid»: nostalgia entre Bruce Lee y Rocky

Este 2019 se cumplen 35 años del estreno del filme de culto. Avildsen montó una historia emocionante pero, sobre todo, relató con timbres muy tiernos la relación de amistad entre maestro y alumno, una especie de enseñanza que, más que sobre el kárate o las artes marciales, iba sobre la vida en sí y cómo comportarte hasta llegar a ser una buena persona

Imagen de Karate Kid
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Este 2019 se cumplen 35 años de «Karate Kid». De la de 1985, la original, esa cinta de culto emulada hasta la saciedad, con gran presencia en la cultura popular a través de referencias en series y películas. El filme dirigido por John G. Avildsen sigue vigente pese a remakes con el hijo de Will Smith y series como «Cobra Kai», creada por Robert Mark Kamen y con los protagonistas originales, William Zabka y Ralph Macchio, ya entrados en años. O gracias a ello. Ya saben, todo se consigue a base de «dar cera, pulir cera».

En su día, el por entocnes crítico de ABC José Manuel Cuéllar escribió esto sobre «Karate Kid»:

No se habían apagado los ecos de Bruce Lee (aún hoy en día su luz sigue alumbrando) cuando John G. Avildsen decidió tomar un camino diferente. Avildsen venía con un Oscar en su bolsillo, el de mejor director por «Rocky», y sabía cómo conseguir tocar la fibra sensible: un combate final épico, con un contendiente inferior contra un rival muy superior en todo. Así empezó a imaginar un historia que mezclara el kárate de Bruce Lee, pero a su manera, con la épica de Rocky, también a su manera. El relato estaba basado en el cuento «A veces el corazón de la tortuga», escrito por Kenzaburo Oe.

El filme se estrenó en 1982 con Ralph Macchio, el chico de «Rebeldes», un tanto olvidado desde entonces, y el veterano Pat Morita, un secundario que hasta ese momento había pasado desapercibido. La película fue un éxito inmediato, estuvo nominada para los Oscar y para los Globo de Oro y basó su espectacular carrera en la relación establecida entre el improvisado alumno, Macchio, y el también improvisado maestro de artes marciales, Morita (fallecido no hace mucho).

La película tiene muchos timbres que tocar, no es solo épica en un final memorable, sino que es entrañable, divertida y posee frases que han pasado a la historia del cine, sobre todo el «dar cera, pulir cera», que es una de las más memorables del celuloide, casi comparable a «Esto puede ser el principio de una gran amistad» («Casablanca») o «¿Quién es el dueño de esta pocilga» («Sin perdón»).

Avildsen montó una historia emocionante pero, sobre todo, relató con timbres muy tiernos la relación de amistad entre maestro y alumno, una especie de enseñanza que, más que sobre el kárate o las artes marciales, iba sobre la vida en sí y cómo comportarte hasta llegar a ser una buena persona.

La película tuvo tanto éxito que se realizarón tres secuelas más, la 2, la 3 y el nuevo Karate Kid. Luego, en 2010, se hizo un remake protagonizado por el hijo de Will Smith.