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VÍDEO: CAROLINA MÍNGUEZ

«27 minutos»: cuando el silencio se convirtió en cómplice de ETA en los años de plomo

Este corto, que ahonda en el asesinato de «los novios de Cádiz», es la carta de presentación de un proyecto que busca convertirse en los «nuevos episodios nacionales» de la democracia

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La madrugada de Reyes de 1979 el sonido de un claxon rompió el silencio en la noche de Beasain (Guipúzcoa). Durante veintisiete minutos, un Renault 5 emitió una llamada de auxilio por una bala que erró en su trayectoria a la que nadie respondió. En su interior yacían Antonio y Hortensia, una pareja de jóvenes a quienes ETA sesgó la vida en cuestión de segundos y a la que la Historia bautizó como «los novios de Cádiz». Él, un guardia civil destinado en la localidad, murió en el acto después de recibir ocho balazos. Ella, al poco de llegar al hospital y con el rastro de diez impactos en su cuerpo.

Imagen del rodaje
Imagen del rodaje - JUANMA BERNABEU

Esta es la historia que plasma «27 minutos», un corto producido por La Dalia Films y Kinatro Producciones, presentado el pasado lunes en Madrid, y que es la primera muestra de un proyecto más ambicioso: una colección de «nuevos Episodios Nacionales». Así lo define su productor e ideólogo José Luis Rancaño. «Es un homenaje a Don Benito Pérez Galdós y un formato innovador en el que queremos fusionar el cortometraje con la técnica periodística del documental», explica Rancaño. «Nuestro objetivo es que cada uno de los episodios lleve incorporado un cortometraje. Resumir en ocho o diez minutos la esencia de cada uno de los capítulos documentales», apostilla.

Con la misión de recoger aquellos momentos más trascendentales de las últimas décadas, Rancaño sentencia que la elección de inaugurar el proyecto abordando el terrorismo de ETA era «clara». «Es el episodio nacional más importante desde la democracia. Sentíamos que teníamos el deber de contribuir culturalmente a la defensa de la memoria, dignidad y justicia de todas las víctimas de la banda. Creo que es importante que no olvidemos que en España hace quince o veinte años sucedía esto, y creo que la cultura tiene el debe de plantear estos asuntos», expone el productor.

En el equipo tampoco hubo dudas sobre qué relato usar para su corto. Para Rancaño, la historia de Antonio y Hortensia es el reflejo más nítido de lo que ocurría en el País Vasco. «Se puede asesinar con balas, pero también con el miedo de la complicidad, con el silencio, y eso es lo que ocurre en 27 minutos», reflexiona. No en vano, durante el corto, apenas hay diálogo y lo más importante no es lo que se dice, sino lo que se oye. «El claxon estuvo sonando 27 minutos y nadie salió a socorrerlos. Queríamos retratar el ambiente, lo que podía estar sucediendo en las casas y en el pueblo en esos momentos y en esos minutos. De ahí que la fuerza se centre en la situación ambiental», concede el productor.

«Me parece extraordinario esa forma de enforcarlo», asevera Diego, hermano de Antonio. Tanto él como la hermana de Hortensia han formado parte de este proyecto. A ellos se les consultó aspectos de la historia y ambos estuvieron presentes en su estreno en la capital. «La cicatriz está ahí por mucho que intentes desmarcarte y la imagen aparece siempre», apunta este guardia civil ya retirado que también estuvo destinado en el País Vasco. «Me he tirado 45 años en la Guardia Civil, mi padre también lo fue y no nos pillaba de nuevo. Yo le aconsejaba (a Antonio) que ya estaba bien de estar allí, porque fueron los peores años, y él decía que no, que estaba bien porque estaba tranquilo, que estaba de conductor», rememora. Reconoce incluso que en su rutina continúa teniendo presente todas las medidas de seguridad del pasado. «Es instintivo. Es algo que no se olvida, y más habiendo estado en el País Vasco», reconoce.

Hortensia y Antonio
Hortensia y Antonio - ABC

Diego, que ocupó el puesto de su hermano poco antes que él, conserva el coche en el que murió Antonio por deseo de su padre como «homenaje». «Es la joya de la corona. Está impoluto. Tiene dentro fotos de mi hermano y de Hortensia y es el único en el que mi madre se monta porque no se marea. No sé si será psicológico...», cuenta.

El de su hermano y su cuñada es uno de los 300 asesinatos que perpetró la banda terrorista y que continúa sin resolver. A pesar de que la causa se reabrió en 2017, nada se ha vuelto a saber. «Me quedaría más tranquilo sabiendo quién fue. La vida ya no se devuelve… pero me gustaría que se esclareciera el caso», reconoce Diego, que valora positivamente que cada vez más obras den voz a las víctimas del terrorismo. «Es bueno. Que se descubra qué pasó o no en muchos casos, no lo sabemos. Pero si a alguien, llámese político o quien sea, se le remueve la conciencia… Ya hemos ganado algo», sentencia.