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100 metros Cuando rendirse no es una opción

El director Marcel Barrena traslada la historia de superación de Ramón Arroyo a la gran pantalla en «100 metros»

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A Ramón Arroyo le diagnosticaron esclerosis múltiple, una enfermedad crónica y degenerativa que afecta al sistema nervioso central. Aunque hay tratamiento para tratar de evitar los «brotes» que la enfermedad genera, y que pueden dejar graves secuelas como ceguera o cojera, los síntomas pueden variar mucho de una persona a otra. «Piensa como quieras, pero en un año no serás capaz de recorrer ni 100 metros». Comentarios de este tipo fueron los que motivaron a Arroyo a plantearse su propio reto digno de superhéroes: prepararse el triatlón Iron Man.

También ha sido un gran reto para Dani Rovira, quien se ha escapado momentáneamente de la comedia, aunque en algún momento de la película también se encargue de hacer reír al espectador, para encarnar al protagonista de «100 metros». «Ha sido un desafío por muchas cosas, sobre todo por la historia que teníamos que contar. Bueno, y por la persona que estás encarnando, que no solo existe, sino que acaba siendo tu amigo una vez que empieza el rodaje», confiesa el actor.

«A mí me han reajustado todas las prioridades de mi vida. Me han enseñado a valorar lo importante»Dani Rovira

No solo Ramón, toda la familia estuvo presente durante el proceso de creación del proyecto. «Estuvieron con nosotros en todo momento. Antes y durante el rodaje, y ahora lo estarán siempre», cuenta Alexandra Jiménez con ternura. Ella ha sido la encargada de nivelar la balanza, de mostrar que el peso de la enfermedad no recae solo en los hombros de los que la padecen, también lo hace en los de los familiares más cercanos. «No te han diagnosticado esclerosis múltiple, nos han diagnosticado», dice la actriz en un fragmento de la película. Embarazada, con un hijo y un padre alcohólico sin demasiadas ganas de vivir (Karra Elejalde), Inma, su personaje, saca adelante a esta familia para que su marido pueda llevar a cabo la meta que se había propuesto. Una vez más, vemos a Rovira y a Elejalde compartiendo plano y entablando una peculiar relación entre un suegro y un yerno que no se llevan demasiado bien, pero que tienen la obligación de «aguantarse». «Trabajar con Dani es algo increíble. Ves cómo se vuelca y te obliga a dar lo mejor de ti. No le puedes fallar», asegura Elejalde con cierta ternura.

El humor

Con este trío protagonista era de esperar que la risa fuera una parte importante de la narrativa. «Descubrimos que las tablas de salvamento de Ramón son muchas y una de ellas es el humor, incluso antes de la enfermedad. Ya no solo para él, también para la gente que trabaja con los afectados día a día. Estuvimos rodando en la clínica Guttmann y los que teníamos cara de “pedo” éramos nosotros. No te puedes imaginar la de chistes y humor negro que utilizan entre ellos... ¡les hace quitar muchísimo hierro! Y creo que hemos reflejado todo lo que hemos aprendido con ellos porque a mí me han reajustado todas las prioridades de mi vida. Me han enseñado a valorar lo realmente importante», cuenta Rovira emocionado. Una película de esta sensibilidad necesitaba a un director de orquesta como Marcel Barrena. «España va a empezar a descubrir la mano de un director con una sensibilidad maravillosa, por cómo funciona su cabeza y por los próximos proyectos que tiene ya en marcha», concluye el malagueño.