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El guateque, sin hora feliz

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Sería injusto quedarse con los coletazos finales de una carrera tan extensa y variopinta. Porque sí, el de Tulsa dio la alternativa en Hollywood S.A. a Roberto Benigni en «El hijo de la pantera rosa», destapó a su inseparable Julie Andrews en «Sois honrados bandidos» y dejó a medio planeta convencido de que Bo Derek era «La mujer perfecta». Pero, por encima de todo, incluso de sus charlotadas a la mayor gloria del inspector Clouseau, Edwards ya ocupaba un lugar en el olimpo gracias a una trinidad tan santísima como la formada por «Desayuno con diamantes», «Días de vino y rosas» y «El guateque».

O, lo que es lo mismo, el romance agridulce, el drama amargo y la comedia efervescente en estado puro y destilado con un grado de sofisticación y perfección pocas veces alcanzado por colegas con mayor «pedigrí». Porque, pásmense, a pesar de este tridente y de otras joyas o joyitas como «Chantaje contra una mujer», «La carrera del siglo», «¿Qué hiciste en la guerra, papi?» o incluso «Cita a ciegas», Edwards solo fue una vez nominado al Oscar (y como guionista) por «¿Víctor o Victoria?», recibiendo una estatuilla honorífica en 2004.

Hace años pude entrevistar a Julie Andrews y, al preguntarle por su ilustre marido, contestó: «Está feliz y tranquilo». Una buena definición para alguien capaz de hacernos felices con un elefante pintarrajeado, un gato empapado y una botella medio llena. Siempre medio llena.