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«Los detalles salvan las parejas»

Juliette Binoche acaba de rodar «Copia certificada», del iraní Abbas Kiarostami, un juego de espejos sobre la pareja, complejo y a la vez sencillísimo

Juliette Binoche, en la Toscana, en «Copia certificada» - ABC
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Un compañero me hizo notar lo elegante que quedaba llegar al Hotel du Louvre de París y preguntar en recepción por madameBinoche. Por si alguno no está seguro de quién es, Juliette es la única actriz que atesora la Palma de Cannes, el Oscar de Hollywood, el León de Venecia y el Oso de Berlín. Y allí estaba ella, a sus 46 años, con su traje negro y dispuesta a responder con amabilidad incluso las preguntas sobre Gérard Depardieu, su nuevo enemigo en casa. La intérprete acaba de protagonizar «Copia certificada», del iraní Abbas Kiarostami.

—¿Fue difícil rodar con un director que no hablaba su idioma?

—No. Trabajo a menudo fuera y estoy acostumbrada a entenderme sin palabras. Tienes que seguir tu instinto. A veces los ojos son suficientes. Es más directo. A veces el director se extiende en explicaciones y es peor. Al actuar tienes que conectar, sentir. Tu cabeza tiene una función, pero tu corazón es lo primero.

—¿Qué hace especial a Kiarostami?

—Es muy detallista al contar la historia. Une una escena con otra de forma muy cuidadosa. Nunca se ven las costuras. Cuando repasamos todas las escenas en DVD, era como si la película estuviera terminada. Nunca había visto algo así.

—¿Es verdad que a veces se va para quitar presión a los actores?

—Esta vez no, pero sabe muy bien cuándo exigir más. Es muy meticuloso con los encuadres. Luego, me dejaba mucha libertad. Es fácil trabajar con él, aunque sentía la responsabilidad, el peso de la tensión.

—¿Cómo fue recibir el premio en Cannes por el papel?

—Agradable, pero el día de vuelta fue una pesadilla. Perdí el avión, el siguiente tenía todos los asientos vendidos… Es imposible imaginar cómo fue. Cuando llegué al hotel nadie me esperaba o al menos no vi a nadie. Me dieron una habitación equivocada. Fue una de las peores experiencias de mi vida. Pero estaba feliz.

—Hay una escena preciosa, en la que un turista, creo que el papel lo hace Jean-Claude Carrière, le dice a Willam Shimell que un pequeño gesto, acercarse y tocarle el hombro, puede ser muy importante.

—Es un momento fundamental. Los pequeños detalles suponen una diferencia enorme. Cuando pones a un lado tu orgullo, esos gestos salvan las parejas, las hacen posibles.

—¿Cómo fue el trabajo con Willliam, un cantante de ópera?

—Lo hizo fácil. Al principio se aprendió todo el guión de memoria. Pero fue poniéndole más y más corazón y fue bonito ver cómo iba creciendo en los ensayos, se hacía cada vez menos técnico. Consiguió hacerlo muy bien, en su primera película. Tiene una sensibilidad para la actuación.

—Debe de ser agotador un papel tan largo, casi como una obra de teatro.

—Tuvimos dos semanas de ensayos. Luego rodamos muy rápido e incluso tuve un momento de pánico, porque Abbas tenía programados todos los días, de lunes a domingo, sin descansos. Yo los necesitaba. Él quería rodar diez páginas al día sin parar el fin de semana (en este momento a Juliette Binoche le da un ataque de risa nerviosa). Pero en un momento dado, decidimos eliminar unas cuantas páginas de guión y pasar al final.

—¿El Oscar cambió su vida?

—Sí, pero no de la forma que cabría esperar. Volví a casa y enseguida tuve que regresar a América para rodar un montón de películas. Yo quería ser una actriz europea y trabajar de vez en cuando con directores americanos. Ahora soy más yo, elijo mejor los proyectos. Estoy abierta a otras experiencias con nuevos directores.

—¿Y ellos por qué la adoran?

—Porque disfruto trabajando. Rodar es una experiencia vital. Es una forma de cuestionarse qué hacemos en el mundo. Es buscar juntos, un movimiento interior apasionante. Te transformas con la interpretación, tu cuerpo, el corazón, tu espíritu. Puedes expresar cosas sin recurrir a las palabras. Pero al final del día sé quién elige las tomas. No soy idiota. Pero actuar es otro mundo.

—¿Cuándo va a trabajar en España?

—Me encantaría. Le hablé a Almodóvar de una historia. Le gustó, pero luego no me llamó. No hablo español y para la historia convenía hacerlo. Pero estoy abierta. Siento que podría ser parte de la familia.

—¿De dónde saca las energías después de tantas películas y premios?

—He descubierto que trabajar me da esa energía que necesito. Pero tienes que cuidarte y guardar tiempo para ti misma, hacer trabajos para la casa, cuidar a los niños, cocinar...

—Perdone la pregunta, pero ¿qué le pasa a Depardieru con usted?

—No lo sé. Nunca sabes lo que los demás sienten por ti. No sé cuál es su problema, celos, envidia... Siento que él se puso muy agresivo, pero, no sé, quizá le ofendí.