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«Lo que de verdad importa» (**)

Su voluntad última de hacer el bien pesa demasiado en algunos momentos

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Incluso una obra maestra como «Qué bello es vivir» puede atragantarse por sus cantidades de azúcar. «Lo que la verdad importa» (en inglés «El curandero» suena mejor) es una película «cien por cien benéfica», aunque sus virtudes fílmicas, que las tiene, son menos absolutas. Su voluntad última de hacer el bien pesa demasiado en algunos momentos y su espiritualidad, nada meapilas, será mal recibida por parte de la crítica.

Paco Arango, presidente d ela Fundación Aladina, escribe y dirige la historia de un ingeniero inglés de vida disoluta, hasta que un tío remoto (Jonathan Pryce) le da la oportunidad de reciclarse en Nueva Escocia (Canadá), donde descubrirá que tiene ciertas capacidades ocultas. Si el espectador acepta el argumento y sus requiebros (el Ángel de la Guarda de Capra no era más verosímil), disfrutará mucho más que si empieza a ponerle pegas.

Oliver Jackson-Cohen cumple como protagonista, dentro de un reparto competente y bien dirigido, en el que también figura, como en «Maktub», el orondo Jorge García, famoso gracias a «Perdidos».

Puede que lo más destacado sea la fotografía, firmada nada menos que por Javier Aguirresarobe. En los títulos de crédito el espectador descubrirá además al inspirador de la cinta: Paul Newman, un ángel dentro y fuera de la pantalla.

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