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Los del túnel (**): Una de catástrofes

Los personajes trabajan una especie de casticismo trasnochado que uno creía desterrado ya a ciertas sitcoms

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Desde que la tele (sobre todo, algunas series de ficción norteamericanas) ha dejado de ser la caja tonta, los del cine debemos andarnos con cuidado antes de descalificar el desembarco de sus huestes en la cada vez más empequeñecida y abandonada «gran pantalla» de las salas de cine.

Pero el recelo se renueva cuando vemos lo que hacen algunos licenciados de Saturday Night Live (como las inmensas Kate McKinnon o Kirsten Wiig) o cuando tenemos que acusar recibo de películas como esta, producida y protagonizada absolutamente por Arturo Valls. Valls es cada vez más un gusto adquirido que se acaba aborreciendo; y aquí lo que hace es prolongar el personaje de «Camera café» que tanto nos gustó y «enriquecerlo» con una sobredosis de «pathos» tan descontrolada como las payasadas que prodiga por la tele.

En los resquicios que deja el monopolio arturiano, se agolpa un reparto múltiple y coral que nunca nos deja ver la luz al final del túnel, si me permiten un chistecito digno de nuestro héroe, y del que sólo destacaría a la actriz que encarna a su sufrida esposa y cuyo nombre, perdón, se me escapa ahora. Neus Asensi pone el piloto automático, Natalia de Molina saca un lado soso que nos tenía escondido y hasta Marta Fernández Muro está apagada aunque salva el honor con una sola réplica de tres palabras. Por otro lado, todos trabajan una especie de casticismo trasnochado que uno creía desterrado ya a ciertas sitcoms.

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