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Tully: Ser madre no está pagado

Una Charlize Theron estupenda es el principal ingrediente de esta película

Charlize Theron en «Tully»
Charlize Theron en «Tully»
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Sería poco serio acusar a estas alturas a Charlize Theron de haber descubierto la doctrina Monroe (Marilyn, en «Bus Stop») de la carrera en la media: realismo y falta de glamour para que te tomen por una actriz seria. Sobre todo porque ya lo hizo en «Monster», que mira por donde le valió un Oscar, «Pactar con el diablo» o, en cierto modo, en «Mad Max 4». Cierto que si quiere puede darle una patada (literal) en el trasero a cualquier James Bond que se le cruce si se pone «Atómica».

Centrar el comentario en Theron no es capricho, es de lejos lo mejor de la función. Incluso aunque no vaya de estupenda acapara el foco de nuestra atención en «Tully», donde lo primero que vemos de ella es su barriga, un enorme vientre de embarazada que no acaba de perder en todo el metraje. De hecho, el tema de la película –escrita por una mujer y madre de tres hijos, Diablo Cody– no es que ser madre afee tu figura sino que si bordeas la crisis de la mediana edad, tienes ya dos hijos, uno rozando el autismo, y un tercero por venir, y un marido que es el proverbial cero a la izquierda, puedes empezar a darte pena a ti misma y ver tele basura comiendo comida basura… El principio de realidad, de aceptar con una sonrisa que la vida puede ser una decepción según la excelsa doctrina Hara (Setsuko, en «Tokyo Story»), le llega a esta madre terminal por medio de una fuga de lo real que no podemos destripar aquí. Pero es algo así como una variante pospunki, o indie por lo menos, de Mary Poppins, una niñera para todo con un turno un tanto extraño, y con la que Mackenzie Davis se muestra capaz de pelear el plano con la gran Charlize.