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Crítica de «Isla de perros»: Brillante por fuera y mate por dentro

Wes Anderson dirige su duodécima cinta, que tiene un humor tan fácil de cazar como una mosca al vuelo

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El director Wes Anderson mantiene intacto su prestigio tras una docena de películas que le otorgan un estilo preciso, un universo creativo particular y un sentido del humor cuya puerta de acceso no tiene (no encuentro) picaporte. Ni con los Tenenbaums, ni con los viajeros a Darjeeling, con los de la vida acuática o con los habitantes del Gran Hotel de Budapest corrí el peligro de encontrarle la gracia. Sí era sorprendente, en cambio, el juego de «Fantástico Sr. Fox», película animada con la que algo comparte esta «Isla de Perros», un vistoso ejercicio de animación por stop motion en el que también hay unos animales parlanchines y un sobrio, severo y particular sentido del humor tan fácil de cazar como una mosca al vuelo. Y como casi siempre, con la música de Alexandre Desplat como plato principal de un menú audiovisualmente vistoso.

Anderson se arrima aquí a las tradiciones narrativas, musicales y visuales japonesas, y el texto de su película se expresa en japonés (los humanos) y en inglés (el mundo perruno) y toda su caligrafía redunda en el argumento en este sentido. ¿El argumento?..., pues viene a ser una fábula social, entre retro y futurista, en un mundo en el que un extraño virus canino hace que los perros sean confinados en una isla vertedero, y la trama consiste en la búsqueda de un niño aviador para rescatar a su perro perdido allí.

El dibujo es atractivo, como lo son los muñecos y los imaginativos fondos, y también la animación siempre enfocada a subrayar la perplejidad animal. Pero el problema de «Isla de Perros» no está en lo formal, que ahí se divierte Anderson, sino en sus canales de transmisión, que, siempre al servicio de su concepto de la modernidad, no les da rienda suelta: ni es gracioso en lo cómico, ni dramático en lo triste, ni emocionante en la emoción, con lo que uno puede asistir perfectamente a su historia mientras se lima una uña del meñique. Incluso, dependiendo de la exigencia de cada cual, podría llegar a considerarse aburrido lo que te cuenta. Es como una manita de mate en los interiores de una caja brillante. Y lo más divertido de todo ello es ir reconociendo las voces celebérrimas que interpretan a los muñecos, Brian Cranston, Edward Norton, Bill Murray, Scarlett Johansson, Jeff Bolgblum