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Crítica de «Formentera Lady»: El banjo de Sacristán

«La primera película de Pau Durà tiene el alma de lo que hace medio siglo se llamaba un wéstern crepuscular»

Tanto la isla de Formentera como Sacristán saben cómo seducir a la cámara más allá de la historia
Tanto la isla de Formentera como Sacristán saben cómo seducir a la cámara más allá de la historia - ABC
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La primera película de Pau Durà tiene el alma de lo que hace medio siglo se llamaba un western crepuscular, un territorio en el que unos personajes se resistían a aceptar ese «los tiempos están cambiando», con música y letra de Dylan, y que el protagonista de esta historia, Samuel, descubre con la presencia de un niño, su nieto, que le produce una urticaria inesperada, desconocida: la responsabilidad.

José Sacristán construye (con su ya sobresaliente máster en Fernando Fernán Gómez) la personalidad de Samuel, esa valla de espinos que rodea su mundo y esa fidelidad a sí mismo, a su banjo, al vive como quieras enquistado en una isla, Formentera, desconectada (para él) del continente. Pero le asalta el contenido, ese amasijo de drama y comedia que le supone cuidar, responsabilizarse del hijo de su hija, y cuya proximidad convierte (con algunos previstos argumentales y tópicos de guion) ese elogio a la naturalidad de vivir en una cuestión moral, en un pescozón al egoísmo y las quimeras. Tanto la isla de Formentera como Sacristán, ambos luminosos, saben cómo seducir a la cámara más allá de la historia.