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Ferdinand: el toro que no quiso ser un animal

La película viaja por Ronda y Las ventas con un toro bravo como protagonista

Escena de Ferdinand
Escena de Ferdinand
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Humanizar a los animales es una de las prácticas tradicionales del cine de dibujos. Mickey Mouse, el Pato Donald, Bugs Bunny -donde el malo era un torpe pero agresivo cazador-... hasta Pluto y Garfield actúan o tienen características de los hombres. El estreno infantil de esta semana, «Ferdinand», mantiene la línea de poner cualidades humanas a los animales. En esta ocasión se trata de un toro bravo que renuncia a su naturaleza y «elige» una vida en la finca tan artificial como si un urbanita ecologista fuera de vacaciones: disfruta oliendo flores, hablando con el resto de animales y jugando con la niña que le cuida.

La vida de «Ferdinand» es plácida hasta que unos ganaderos lo seleccionan para ser toreado en Madrid por la estrella del toreo «El Primero». La sinopsis reza que se lo llevan «después de que le confundan con una peligrosa bestia», como si la bonhomía que demuestra en la finca le eliminara su bravura natural.

La película, que ha costado más de 100 millones de euros, se basa en el relato original que Munro Leaf escribió en 1936 titulado «The Story of Ferdinand». La moraleja, según dejó escrito el propio autor, era que «no hay que juzgar a alguien por su apariencia». Sin embargo, aquel relato y el corto «Ferdinando el Toro» con el que Disney ganó el Oscar en 1938, fueron utilizados como una defensa de la paz en plena II Guerra Mundial y, ahora, como un alegato contra la tauromaquia. Algo que ni Disney ni Munro Leaf quisieron.

Más allá del mensaje que los antitaurinos quieran ver, el toro «Ferdinand» acompañará a los espectadores por varios lugares icónicos de España, desde las pintorescas calles del pueblo de Ronda (Málaga) hasta la monumental plaza de Las Ventas. «Queríamos que el arte reflejara la belleza de este mundo», explica el director, Carlos Saldanha. «Queríamos que los exteriores expresasen las posibilidades de una película de animación, pero que también fueran fieles al arte, la historia y la cultura de España».

El director, que ya estuvo al frente de «Río» e «Ice Age 3», se quedó fascinado con el paisaje español: «Hay viejos molinos de viento, modernas carreteras y esas antiguas ciudades blancas que ofrecen un precioso contraste con los elementos modernos de España. Visitamos las haciendas donde crían el ganado y captamos cada pequeño detalle: la vegetación, los colores, los pueblos pequeños y la gente. También vimos los molinos de viento de La Mancha y la famosa Plaza de Toros de Las Ventas. Todos estos lugares nos ayudan a crear un mundo auténtico para los personajes».