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«Doctor Strange» (***): Magia de la varita de Cumberbatch

Estaba en la cola de los proyectos pendientes de Marvel, pero llega pisando fuerte

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Hay en la dinámica de las películas de Marvel un condicionamiento común: todo es apocalíptico, esplendoroso, una caja de truenos en los que la retina del espectador se recree en lo superficial, en el rascado superfluo del paquete entregado. Puede que sea esa la razón por la que «Dr. Strange» estaba en la cola de los proyectos. No es una digestión fácil para estómagos comunes. Los escritos de Stan Lee y los dibujos de Steve Ditko se mueven en mundos alternativos, en magias complejas y en dobleces de mente que no son fáciles de plasmar en una película.

En este aspecto, Derrickson ha hecho un trabajo espléndido, casi brillante. Ha llegado justo donde no lo hizo «Origen» (ambas películas funcionan en el mismo plano), fundamentalmente porque a Nolan a veces le da por ir de elegante y trascendente, siguiendo peligrosamente senderos que te llevan inexorablemente a Malick o, vade retro, a Von Trier, que es lo peor que le puede pasar a un director de cine.

Derrickson ha sido todo lo valiente que Nolan no fue en «Origen», si bien aquel contaba con una varita mágica en su poder: la que posee Benedict Cumberbatch, que es uno de esos actores que da igual lo que haga, todo lo que toca lo mejora. Su interpretación como el Strange mágico es excelente, pero como doctor humano es insuperable. Lo cierto es que Cumberbatch (actor inglés de ascendencia noble, educado en los mejores colegios y escuelas británicas) partía con ventaja: la de haber hecho Sherlock Holmes, un personaje parecido en la arrogancia (esa que lleva a uno a pensar eso de «qué solo se está en la cumbre») que proviene de una cultura superior y una inteligencia inalcanzable para el ser normal.

La película en sí es un regalo visual de tan alto nivel que deja el guión mucho más abajo. Probablemente Marvel se ha superado en los fuegos artificiales como hasta ahora no había hecho en ninguno de sus trabajos anteriores. Pero si el guión no está a la altura tampoco es algo que lastre la película, porque la sola actuación de Cumberbatch, impecable en todo momento, da presentes al espectador.

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