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Antonio WeinrichterAntonio Weinrichter

Crítica de «Varda por Agnès»: Autorretrato in extremis

Queríamos tanto a Agnés que hubiéramos querido que nos siguiera contando su vida un rato más

«Varda por Agnès»
«Varda por Agnès»
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Como es posible que le acabe pasando a Werner Herzog, Agnès Varda acabará quizá siendo menos recordada por sus obras de ficción, algunas en su momento tan impactantes como «Cleo de 5 a 7» y «Sin techo ni ley», que por su pionera labor en el campo de la no ficción. Ya en 1958 había rodado un delicioso homenaje a la Costa Azul, «Du côtè de la côte», en donde hoy nos resulta perfectamente reconocible su voz, es decir, su voz real con su grano barthesiano, pero también su voz artística plena de curiosidad y de compasión, que compensan una cierta querencia cursi que (solo) a ella se le perdona; con sus toques de humor y un interés lleno de la inocencia de un infante por los detalles y las cosas pequeñas. Así, Varda se convirtió en una de las más reconocibles ensayistas del cine junto a sus compañeros de la orilla izquierda (pero no de la nueva ola, como se dijo tras su muerte) Alain Resnais y Chris Marker.

Esa voz, esa Agnès, ha seguido rodando después sobre los temas más variados, desde las escaleras del Palais de Cannes hasta el ritual campesino de las espigadoras de la Francia profunda o las viudas de pescadores de Noirmoutier. Y si las ficciones mentadas eran grandes retratos de mujer, la suma de estos ensayos vardianos acaba conformando un gran autorretrato, una radiografía de su entrañable personalidad, cuyo último capítulo es esta especie de charla TED ilustrada cuyo único defecto es su carácter póstumo: por desgracia, la emotiva escena de despedida de sus últimas imágenes en la playa se ha hecho efectiva. Queríamos tanto a Agnés que hubiéramos querido que nos siguiera contando su vida un rato más.

Dirección: Agnès Varda. Documental