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Trainspotting (***): El futuro de unos tipos sin futuro

Solo se puede mirar esta película con los ojos de la anterior, la cual, por cierto, pugna por meterse aquí con imágenes, canciones, empastes generacionales y venganzas

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Aquel «Trainspotting» fue algo más que un éxito mundial, fue como ponerle música funeraria a una canción cuya letra había empezado con «Quadrophenia», y de veinte en veinte años va y llega «Trainspotting 2», tal vez con la única intención de demostrar que Danny Boyle no sólo tenía un enorme talento, sino también un enorme corazón: ¿quién si no le hubiera otorgado una brizna de futuro a aquellos personajes?

Pues, aquí están, cincuentones, en la misma estela terminal, con otras cuentas pendientes que no son las propias de la juventud y con unas toneladas a cuestas de nostalgia para que aún su esquelética peripecia no adolezca de música, de letra y de cierta intención.

Sólo se puede mirar esta película con los ojos de la anterior, la cual, por cierto, pugna por meterse aquí con imágenes, canciones, empastes generacionales y venganzas. Esta segunda parte será entretenida para cualquiera, pero será algo más (y hay que decidir qué) para aquellos que vivieran en carne propia el escalofrío gustoso y deteriorado de la anterior.

La reunión de los cuatro protagonistas, los mismos actores como ejemplo de que el tiempo es caprichoso en sus estragos, improvisan una peripecia patética en la que el dinero, la traición, las drogas, la música y la necesidad de labrarse una especie de futurillo (gran clave temporal: de aquel desprecio al porvenir, a este pensar en una jubilación cómoda) vuelven a ser los protagonistas de sus actos.

McGregor, Carlyle, Lee Miller y Bremner saben colorearse bien para la ocasión y mirar con ironía su imagen presente y pasada, que solo se ha mantenido intacta en sus perfiles miserables. Tal vez no sea una película imprescindible, pero sí es una secuela necesaria, tranquilizadora para los optimistas (¿a aquellos tipos les quedaban veinte años de vida?... ¡anda ya!) y agotadora para los nostálgicos.

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