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Crítica de «La tragedia de Peterloo»: El nuevo régimen

Este Leigh de época no tiene tiempo, ni ganas, de desarrollar lo que tanto brillaba en su gran cine contemporáneo: la aguda observación de la vida y el carácter de sus personajes

Imagen de «La tragedia de Peterloo»
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Mike Leigh se crió cerca de Mánchester pero nunca oyó hablar de la masacre que allí tuvo lugar en agosto de 1819. Ahora, con la excusa inmejorable del segundo centenario, recrea esa página histórica poco conocida: se congregan pacíficamente 60.000 manifestantes por el sufragio universal (en un país cuyos mandos los elegía el 2% de la población: pura endogamia), el ejército los disuelve y el saldo final es de 18 muertos y centenares de heridos. El motivo de tan desproporcionada reacción, antes de que el marxismo empezara a hablar de la conciencia de clase, es el miedo al contagio tanto de la revolución francesa como de la americana.

Esto es esencial para entender los hechos, pero no hay miedo de perderse porque Leigh nos lo explica exhaustivamente: vamos, que nos deja exhaustos. A la explosión final de represión y violencia anteceden dos largas horas de exposición didáctica. Los «textos» están muy bien escritos pero rara vez se convierten en diálogos: discursos y debates machacan las ideas fuertes (dignidad laboral, razón de Estado) sin que se pueda hablar verdaderamente de personajes, los que aparecen aquí son emblemas de clase, de casta, de instituciones. Este Leigh de época no tiene tiempo, ni ganas, de desarrollar lo que tanto brillaba en su gran cine contemporáneo («Naked», «Secretos y mentiras», «Todo o nada»): la aguda observación de la vida y el carácter de sus personajes.