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Crítica de «Todos a una»: Elegante revancha francesa

Javier Fesser se salió por la tangente con «Campeones». «Todos a una», pese a ser su inevitable reverso o complemento, elude el camino fácil de denuncia para tomar la senda mucho más compleja de intentar comprender

Escena de Todos a una
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Uno de los personajes de «Todos a una» formula en alto la pregunta clave de la historia: ¿qué tipo de persona está dispuesta a hacer trampas contra un discapacitado? Vianney Lebasque, director de trayectoria todavía corta, responde al enigma antropológico con meritoria elegancia, sobre todo teniendo en cuenta que el francés se inspira en un escándalo real protagonizado por el equipo español de baloncesto que «robó» el oro en los Juegos Paralímpicos de Sídney. Solo dos de los doce seleccionados eran minusválidos «de ley».

Javier Fesser se salió por la tangente con «Campeones». «Todos a una», pese a ser su inevitable reverso o complemento, elude el camino fácil de denuncia para tomar la senda mucho más compleja de intentar comprender. Lebasque incluso nacionaliza al equipo, aunque no falte el rótulo final que explique la implicación española. El director y coguionista parece seguir el consejo de Concepción Arenal: «Odia el delito y compadece al delincuente». La propia elección del reparto es significativa. Jean-Pierre Darrousin, un pedazo de pan además de un enorme actor, da vida al entrenador e ideólogo de la monumental estafa, que empieza con la mejor de las voluntades. Por utilizar otra frase clásica y ahorrar en las propias, siempre peores, «el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones».

Disquisiciones morales aparte, la película es entretenida y fluye con ligereza. Se hace corta. Incluso su vertiente deportiva logra cierta emoción, pese al lastre de contar hechos conocidos. Como «Campeones», también huye de la ñoñería, sin temor a resultar incorrecta cuando es preciso. Su «dream team de los retrasados» es un buen ejemplo.