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Crítica de Tiempo después: Ni era poco, ni ahora es mucho

«El único reproche, y sólo puede ser de índole personal, es que no me haga participar con risas en su pretensiones.»

José Luis Cuerda, rodeado del elenco de «Tiempo después» durante el rodaje
José Luis Cuerda, rodeado del elenco de «Tiempo después» durante el rodaje
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Treinta años después de «Amanece que no es poco», José Luis Cuerda recuerda, o lo pretende, ese islote de la comedia insensata o descabellada y la sitúa en el año 9177, mil años arriba, mil años abajo (probablemente la línea más graciosa de todo el texto). «Tiempo después» tiene un argumento futurista muy del presente: ricos, pobres, dentro del Sistema, fuera del Sistema…, y organiza una puesta en escena en la que todo es de mentirijillas y sucede en un «edificio-mundo» y en un pasapantallas delirante. Puesto que el «mensaje social» es más bien simple, la película de Cuerda hay que considerarla fundamentalmente cómica, y a ello se afana el director y cada uno de los muchos actores que intervienen en la trama desde que arranca hasta que termina: discurre a una velocidad de veinticuatro chistes por segundo, y todos ellos enredados entre tonos salvajes y metáforas fáciles. Sin duda que el humor, su gracia, tiene un mal termómetro fuera de uno, pero, en el propio, la ecuación no es engañosa: tantos chistes y tan pocas risas.

Es una película coral porque el centro de la trama salta de un lado al otro como si quemara, pero fundamentalmente es coral porque aparecen en ella casi todos los actores españoles en activo, y la lista es tan interminable que casi sale a cuenta decir que levante la mano el que no aparezca. Y todos tienen su momento y su chiste. A su favor es que José Luis Cuerda y su película deciden el terreno que juegan y son conscientes de su incoherencia y su dislate, tanto en su tono general como en su «lección» política o social, tan escasa y obvia. El único reproche, y sólo puede ser de índole personal, es que no me haga participar con risas en su pretensiones. Pero, un mal día lo tiene cualquiera, y no me refiero al director o a sus numerosos actores.