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Crítica de «Sordo»: «Spaghetti» bélico

El argumento posee una consistencia ligera, semiapuntalada, y los personajes están previstos más para su impacto visual que para una función dramática clara

Fotograma de la película «Sordo»
Fotograma de la película «Sordo»
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El aire del cómic y una atmósfera de wéstern impregnan esta película dirigida por Alfonso Cortés-Cavanillas, situada en la postguerra civil española y centrada en un episodio bélico entre el maquis y las tropas franquistas destacadas en una zona montañosa y fronteriza. No tiene contacto con la, digamos, realidad histórica, sino con el cómic del mismo título de David Muñoz y Rayco Pulido, y conviene no perder de vista su origen de «historieta» para que los hilos argumentales y algunas de sus pintorescas subtramas no se le enreden a uno al cuello.

El argumento posee una consistencia ligera, semiapuntalada, y los personajes están previstos más para su impacto visual que para una función dramática clara, incluso algunos de ellos dan la impresión de haber nacido para viñeta y que, al moverse, pierden vistosidad y fuerza, como en el caso del capitán Bosch que interpreta Aitor Luna o la brutal mercenaria bolchevique que encarna con un parche en el ojo Olimpia Melinte.

Técnicamente, tanto en lo visual como en la compleja banda sonora, la película ofrece lo mejor de sí misma, con una planificación sugerente y con una construcción del plano y de la secuencia muy bien trabajada, y un trato especial en la puesta en escena. Y el hecho de que el personaje central se quede sordo (en el espectacular arranque de la historia) le brinda al director la posibilidad de jugar con el caudal dramático del sonido y su ausencia. Lo que señala fundamentalmente «Sordo» es a un director, Cortés-Cavanillas, con mucho talento para llenar de imágenes un plano.