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Oti Rodríguez MarchanteOti Rodríguez Marchante

Crítica de «La sombra de la ley»: Cine de gánsteres en la Barcelona anarquista

Luis Tosar vuelve a mostrar su buena mano para ser, al tiempo, héroe y antihéroe

Escena de «La sombra de la ley»
Escena de «La sombra de la ley»
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En su primera película, «El desconocido», Dani de la Torre conseguía que el «thriller» se masticara inacabable como un chicle; en ésta, también un «thriller», el bocado de la intriga no es tan rotundo, tan directo, pero contiene una complejidad de producción y una atmósfera que le compensan a la historia lo que le falte de precisión y pegada.

La época no es fácil, los años veinte en la revuelta Barcelona del gansterismo y el anarquismo; ni tampoco es fácil el tono que busca la película, que es el de ese cine negro y con cierta aspiración clásica de Hollywood. Y a ese ambiente y tono llega un misterioso policía (que interpreta Luis Tosar con su buena mano para ser, al tiempo, héroe y antihéroe), con la misión de encontrar a los autores de un robo de armas al tren (primera escena en la que ya se aprecia el calibre del arma de Dani de la Torre).

El argumento se trenza en dos hilos y dos mundos, el policial y el anarquista, siendo más efectivo y cromático el primero, esencialmente por el buen dibujo, casi grotesco, que hace del grupo de policías y del trazo grueso que saben imponerle a sus personajes actores tan potentes como Vicente Romero, Ernesto Alterio o Manolo Solo, que quiebran los géneros (del negruzco a la comedia) en un solo plano. El trasfondo histórico, político, del relato hay que tomárselo también como reflejo de ese espejo cóncavo que tienen los personajes y la ficción, completamente entregados a su pertenencia al cine de gangster, y no a la crónica histórica. Y del mismo modo, y no otro, hay que integrar el personaje de “la chica”, una estupenda Michelle Jenner, en ese engranaje entre visceral y rosa que le da un cierto aire de “film americano”.