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Crítica de «Solo»: Mejor mal acompañado

Hugo Stuven dirige este thriller de supervivencia protagonizado por Alain Hernández y Aura Garrido

Alain Hernández protagoniza «Solo»
Alain Hernández protagoniza «Solo»
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El director, Hugo Stuven, elige con acierto el lugar y el momento de arrancada de su película: pone a volar los ojos del espectador sobre magníficos acantilados de la Costa de Fuerteventura, y allí, colgado en uno de ellos, alguien desesperado que pide ayuda. Y elige bien el cerrar esa intriga y meter cuñas de información (personajes, situaciones, que son parte del pasado reciente de esa desesperada imagen a la que volverá después, ya con la carga informativa necesaria).

La historia está basada en un hecho real, en la aventura de supervivencia de un joven surfero (o surfista, según venga la ola) y la serie de desgracias que padeció y que forman el grueso argumental de la película, casi comparables a las de Leonardo DiCaprio después de fajarse con el oso en el filme de Iñárritu «El renacido».

Al personaje real, Álvaro Vizcaíno, lo interpreta con enorme mérito físico y con grandes voces y dosis de paciencia Alain Hernández. Ante el espectador se anudan dos hilos narrativos, el presente terrible, el pasado pasional y correoso, y un tercer tiempo o espacio irreal, que son sus lucubraciones mentales, ilusorias, mientras dura su lucha a cadera y brazo partido por sobrevivir.

Esta zona de la trama en la que los delirios del personaje «rellenan» una acción tan parada como imparable o irreparable, puede resultar sobrecargada de algo parecido al sentido filosófico o a recursos de autoayuda, aunque uno puede conformarse y aceptarla por el mero hecho de que la ocupa en su mayor parte Aura Garrido, espléndida como «ilusión» y como bebedizo visual para los tiempos muertos, o moribundos.

Los mayores méritos de «Solo» están en sus complicadas resoluciones técnicas, en lo extremo de su planificación visual y en el logro de mantener su tensión dramática, puesto que se trata de una situación única y prolongada, y que tiene que jugar con la reiteración sin perder al espectador por el camino apenas sin curvas. Aunque suene a chiste malo, algún «tiburón» no le hubiera venido mal a la historia.