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Crítica de «La sociedad literaria y el pastel de piel de patata»: Lily James sabe dónde va

Uno tiene tiempo de pensar en lo poco estimulante que es el trabajo de Newell

Imagen de «La sociedad literaria y el pastel de piel de patata»
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Según transcurre de forma agradable pero sin sobresaltos esta película es imposible no acordarse de «I Know Where I’m Going», una de las joyas menos conocidas del inmenso Michael Powell. Hasta el marco temporal es el mismo: Powell rodó en 1945, nada más acabar una guerra que dejó muchas heridas por curar, un mundo que recobraba vacilante su pulso y que ahora le toca recrear a Mike Newell y su equipo. Y al igual que allí Wendy Hiller, aquí Lily James es una chica desenvuelta e independiente, un paradigma natural de un feminismo que no pide permiso pero tampoco ataca al varón, que cree saber a dónde va: es una escritora de éxito, su editor la adora y tiene un novio americano que al principio le regala un anillo de pedida con un pedazo de diamante.

¿Qué puede torcer su camino? Pues algo tan inesperado y literario como recibir una carta de un admirador, un granjero de la remota isla de Guernsey, en el canal de la Mancha, ocupada durante la contienda por los nazis. Como le cuenta que tienen un club de lectura (de ahí el prolijo título de la película), la arrojada escritora decide hacerles una visita. Lo que se encuentra al llegar es imbatible: una historia oscura que nadie acaba de contarle, lo que excita su mente de escritora. Y algo que parece excitarle bastante menos, en un principio: el granjero de diseño Michiel Huisman, tan guapo y bondadoso, que es como una parodia de fantasía femenina de regreso al campo con derecho a romance.

La historia de esta pareja (habría que decir eso de que falta química…) resulta predecible y poco inspirada, como de hecho le pasa a toda la película. Un par de actores secundarios y el resplandeciente rostro de miss James mantienen nuestro interés; pero uno tiene tiempo de pensar en lo poco estimulante que es el trabajo de Newell (mira que tiene títulos famosos) y el recuerdo del filme de Powell añade nostalgia por esas películas que reflejan su época y no, como esta, se limitan a recrear vagamente un pasado más o menos ensoñado.