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Crítica de «Sobre ruedas»: Amor y humor sobre raíles

«Tener a un personaje tan sinvergüenza y a la vez "querible" en una comedia romántica de equívocos es un manantial de situaciones con potencial cómico»

Los protagonistas de «Sobre ruedas», en la escena más vistosa del filme
Los protagonistas de «Sobre ruedas», en la escena más vistosa del filme
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Franck Dubosc es una de esas estrellas que, al contrario que Deneuve, Aznavour y Benzema, Francia no ha sabido exportar a España, donde su rostro no es ni familiar. El cómico escribe, dirige y protagoniza su último éxito, que acumula casi dos millones y medio de espectadores en su país. Hay que reconocer que el Dubosc intérprete clava el personaje, incluso en el detalle de quitarse un lustro: este tiene 49 años y el DNI real marca 55.

En la historia, da vida a un empresario madurito enamorado de sí mismo, seductor empedernido y mentiroso compulsivo. Por una feliz casualidad del guión, conoce a un objetivo evidente (Caroline Anglade) justo cuando está sentado en una silla de ruedas. Hasta de esa circunstancia es capaz de sacar partido. En un capítulo de su serie, Larry David descubría las ventajas de salir con una mujer discapacitada. Jocelyn, que así se llama el personaje, se aprovecha desde el otro lado, incluso cuando el primer gran giro del guión lo aboca a una farsa insostenible, esta vez con Alexandra Lamy como presa en potencia.

Tener a un personaje tan sinvergüenza y a la vez «querible» en una comedia romántica de equívocos es un manantial de situaciones con potencial cómico. La película lo explota con valentía durante una fase, con chistes moderadamente incorrectos, que pasarían el corte Campofrío. No hay voluntad de satisfacer a los «ofendiditos» ni peligro aparente de que se rebelen, en todo caso. La mala noticia es que el guión, pese a reservarse sus pequeñas sorpresas, casi nunca logra esquivar la categoría de previsible. A Dubosc se le ven las ideas como a un mal jugador de póquer.

Aquí el espectador puede optar por desentenderse de la trama y confiar que el puñado de chistes más eficaces salve la tarde. La principal alternativa es entregarse a sus virtudes, como el tono relajado y la buena química entre los personajes, dentro de un género en el que terminar con un disgusto siempre es la opción menos recomendable. Ante la falta de un espíritu rompedor, en su desarrollo o en su desenlace, la película asume el tópico y lo que sabe que funciona entre el público. Si acaso, sorprende que el Dubosc director, primerizo, supere al guionista, con más experiencia.