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Crítica de «Siempre juntos (Benzinho)»: Agridulce zumo casero brasileño

El director Gustavo Pizzi exprime y modela su propia biografía para narrar esta historia profundamente familiar en una de las maniguas de Río de Janeiro llamada Petrópolis

Imagen del cartel de «Siempre juntos (Benzinho)»
Imagen del cartel de «Siempre juntos (Benzinho)» - ABC
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El director Gustavo Pizzi exprime y modela su propia biografía para narrar esta historia profundamente familiar en una de las maniguas de Río de Janeiro llamada Petrópolis. El foco no apunta al personaje-reflejo del director, un joven que ha de abandonar su ambiente y lugar porque le ha fichado un equipo alemán de balonmano, sino a la madre, Irene, el auténtico centro de operaciones de esa familia humilde tan llena de problemas como de iniciativas estériles. La actriz, Karine Teles, se gana su puesto fijo en la plano de la película y rezuma tanta fuerza y personalidad que le otorga colores de gracia y desgracia, de felicidad y desconsuelo, a lo que es un sencillo y común relato de vida. Convierte, por decirlo de algún modo, lo cotidiano en excepcional.

No hay un acento especial en la crítica a una situación familiar en la que las circunstancias económicas son tan escasas como abundantes los hijos y sus necesidades, y el retrato, tal vez por ser interior y nostálgico de su director, resulta agradable e intenso en sus pasiones y coloridos. Y ese tono cromático y dramático «suave» no perjudica en absoluto (todo lo contrario) a su integridad y veracidad: tiene tanta fuerza el ver a la familia luchando contra los elementos (un grifo roto, una puerta inservible, un salir y entrar por las ventanas…), como el verla en un día de playa cargada de sombrillas, bolsas, colchonetas y buen humor. Y tiene tanta fuerza visual y dramática la adversidad como la alegría, ambas impregnadas de un elogio de lo cotidiano en estado puro. Todos los actores, incluso los más jóvenes, transmiten autenticidad y cercanía, aunque sea ella, Karine Teles, la que concentre todo el esfuerzo del director por llevar su propia historia hasta ese terreno de la fortaleza, grandeza y autoridad femenina.