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Antonio WeinrichterAntonio Weinrichter

Crítica de ¡Shazam!: El superbecario

«Los monstruos son un poco de túnel de los sustos, meros programas informáticos con pinta de baratos o de comprados entre los retales de “La momia”»

Escena de Shazam
Escena de Shazam
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Los lectores de comics y nerds en general ya conocerían a este justiciero con problemas para encontrar un nombre. Pero el resto de los mortales, no; y por eso esperábamos con impaciencia esta historia de los orígenes con presuntas ambiciones de ser eso, el origen de una nueva saga de superhéroes.

La principal aportación de este nuevo capítulo de la Comic Invasion es el tono. Si hay algo peor que un cinecomic es un cinecomic oscuro, con pretensiones de profundidad o algo: Batman es la mayor víctima de esto. Pero “Shazam!” por fortuna se parece más al Batman de la tele, aunque ya el propio cine había dado muestras de rebajar el tono en “Deadpool” o cualquier cosa con Downey Jr.

Entonces, aquí, los monstruos son un poco de túnel de los sustos, meros programas informáticos con pinta de baratos o de comprados entre los retales de “La momia”. Y el supervillano lo hace un actor estupendo, Mark Strong, que dedica todo su noble empeño a dominar el mundo pero por una vez -otra novedad, y tan poco batmaniana- no parece ser el “joker” que más se divierte de la función.

Ese placer le está reservado a Billy Batson, que es la versión Clark Kent del superhéroe titular. Se lo pasa bomba en parte porque tiene catorce años en estado de reposo y lo de los superpoderes le pilla un poco por sorpresa, vamos, que le viene un poco grande. Cuando grita su “ábrete sésamo” particular se convierte en un supermachote adulto de aspecto más bien risible, como un Mr. Proper dibujado en un frasco de detergente. Pero, ojo, esto no es una opinión crítica: es precisamente el tipo de gag que busca provocar la película y de hecho de esa idea de un superhéroe en edad del pavo (ya esbozada en un penúltimo Spiderman) surgen algunos chistes decentes.

Todo acaba bien menos para el espectador que esperaba un superhéroe existencialista, o algo, y descubre amargado que esta es una película para niños, más niños aún que el protagonista. Es, que quede claro, una película familiar más preocupada por los hermanos del héroe, que por otro lado son muy majos, que por las criaturas que acechan al otro lado del umbral.