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Crítica de «La profesora de parvulario»: Espejismo poético

La profesora Gyllenhaal y su relación con sus dos hijos adolescentes sirven como radiografía de algunos males de la sociedad actual, donde el entorno familiar es un engrudo de exceso de información, falta de comunicación, líneas rojas, principios líquidos y choque de identidades y propósitos

Maggie Gyllenhaal en «La profesora de parvulario»
Maggie Gyllenhaal en «La profesora de parvulario»
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Hace cinco años, el escritor y director israelí Nadav Lapid ya hizo esta misma película, con el mismo título y la misma historia, la de una profesora que advierte entre los niños de su guardería que hay uno con una increíble y azarosa pulsión poética, y trazaba una desconcertante intriga a propósito de la obsesión por «lo poético» de esa profesora y la rara atracción que le provoca ese niño. Ahora, Sara Colangelo le cambia algunos factores que no alteran apenas el producto. Traslada la acción a los Estados Unidos y, lo principal, le encarga a Maggie Gyllenhaal que interprete a la protagonista, que subraya con eficacia y pasión sus contradicciones familiares, psicológicas y personales. La misma idea, en otro contexto.

La profesora Gyllenhaal y su relación con sus dos hijos adolescentes sirven como radiografía de algunos males de la sociedad actual, donde el entorno familiar es un engrudo de exceso de información, falta de comunicación, líneas rojas, principios líquidos y choque de identidades y propósitos. La poesía, el arte, lo trascendental, se ve aquí, en el desconcertante trayecto que recorre la profesora, como una contraportada de lo familiar, aunque la interpretación de Gyllenhaal despoja al personaje de algunas de sus sombras, le quita «peligro».