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Crítica de «Profesor en Groenlandia»: El docente que vino al frío

Además el equipo técnico no ha tenido la suerte de encontrar niños prodigio en estado de gracia: el protagonista es tan poco maleable como su personaje y los demás niños nunca merecen dos frases seguidas

Imagen de «Profesor en Groenlandia»
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Teniendo ante sí una tradición familiar de siete generaciones encargándose de la granja familiar, nuestro protagonista Anders prefiere pedir plaza en una apartada aldea de Groenlandia: es lo más lejos de la granja que puede estar y además le servirá para hacer la mili, como se decía antes, para madurar o encontrarse a sí mismo.

Todo eso acaba llegando pero antes debe lidiar con el clima extremo, la soledad, el rechazo de los vecinos que lo menos que le llaman es colono danés y, lo peor, el pasotismo agudo de sus alumnos. Como ven; la cosa resulta muy predecible.

Además el equipo técnico no ha tenido la suerte de encontrar niños prodigio en estado de gracia: el protagonista es tan poco maleable como su personaje y los demás niños nunca merecen dos frases seguidas. El posible valor o interés de la propuesta es de rango documental: cerca de celebrarse el centenario de la pionera “Nanook el esquimal” (1922), esto parece una especie de remake, teniendo incluso una escena parecida, la caza de la morsa que despierta el apetito de la jauría de perros. Las escenas de pesca, los paseos en trineo, la construcción de un igloo, los modismos y muecas de los viejos del pueblo… compensan la pobreza de la parte argumental y digamos que justifican el desplazamiento.