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Crítica de Persecución al límite: A tope en la «autobahn»

«Toda la energía se les va, como es habitual, en las secuencias de acción; las escenas de transición cuentan tanto como las que había en el cine erótico entre cada dos "consentimientos"»

Escena de Persecución al límite con Anthony Hopkins
Escena de Persecución al límite con Anthony Hopkins
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Otra de coches rápidos y furiosos y atracos imperfectos con mucha persecución posterior. Hace un siglo los futuristas celebraron alguna analogía esencial entre las máquinas automovilística y cinematográfica. Hoy el posible valor vanguardista del ruido y la velocidad hay que trabajárselo un poco más; ver esto es como estar atrapado en un gran atasco entre coches de horteras machacando con la música a tope. La única novedad, para que no digan que no nos fijamos, es que las carreras se suceden en el excelente sistema de autopistas alemán, pero no han tenido el detalle de poner algún tema de Kraftwerk…

Una segunda observación, pero esto no es nuevo: toda la energía se les va, como es habitual, en las secuencias de acción; las escenas de transición cuentan tanto como las que había en el cine erótico entre cada dos «consentimientos». Hay aquí un romance contado en plan video-clip que puede servir para lamentar la influencia de dicho formato en la narrativa. Y luego hay un gran encuentro entre los dos actores buenos de la función, Hopkins y Kingsley, ambos sobreactuando en piloto automático, en donde aparecen sentados y hablando, esas cosas que se hacen en las películas sin coches, aunque luego tienen que levantarse y salir a ganarse la paga haciendo de malotes con pistola. Todo más bien lamentable y, no sé si lo he dicho, muy ruidoso.