ES NOTICIA EN ABC

Crítica de «Pájaros de verano»: Realismo trágico

«La fotografía es sensacional y a la cinta se le palpa el alma, con elipsis de una contención prodigiosa y la autenticidad a flor de piel»

Escena de Pájaros de verano
Escena de Pájaros de verano
Actualizado
Enviar noticia por correo electrónico

La semilla del narcotráfico fue sembrada en Colombia por unos gringos fumetas a finales de los sesenta, según cuentan Cristina Gallego y Ciro Guerra, un cineasta al que no hace falta llevar al especialista para descubrir una mirada distina. «Pájaros de fuego» tiene puntos en común con «Roma», incluida su distancia y la mezcla de idiomas indígenas con el español, aquí algo más marginal. Asistimos a una historia de violencia narrada en cinco partes (o cantos), en los paisajes desolados y hermosos de La Guajira. Las drogas son un negocio demasiado próspero incluso para las sociedades más puras o cerradas.

La película es un retrato implacable del ser humano, esa especie dispuesta a sacrificar las mayores riquezas por satisfacer deseos tan ridículos como el orgullo y la venganza. Una vez puesta en marcha, la espiral de violencia conduce de forma inexorable a la guerra entre unas familias con más códigos que un vestuario de Luis Aragonés. El mejor de todos es quizá el respeto casi sagrado que merecen los «palabreros».

La fotografía es sensacional y a la cinta se le palpa el alma, con elipsis de una contención prodigiosa y la autenticidad a flor de piel. Los títulos de crédito finales duran más de cinco minutos, pero no es ese el tono, no teman.