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Crítica de «Mula»: Por viejo y por diablo

El por fuera de «Mula», o sea el drama y la intriga del relato, está construido de modo impecable

Clint Eastwood en «Mula»
Clint Eastwood en «Mula»
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Otra última película de Clint Eastwood, un cineasta al que hace ya décadas se le otorgó el calificativo de «clásico», probablemente porque no quedaba otro remedio y a la vista de que hilaba obras maestras a pesar de los «pesares». Le ahorramos al lector la retahíla de obras maestras y «pesares» que sustanciaron en la pantalla algunas cualidades del hombre, o mejor, del «macho», por coincidencia con, ¡ejem!, la fecha de hoy, en la que se estrena «Mula».

Hay dos aspectos esenciales en la historia que nos cuenta: el exterior, la peripecia (real) de un octogenario que, por causas que se apuntan esquemáticas pero con fuerza (económicamente acorralado, la soledad y el remordimiento de no haber atendido a su familia como debiera), decide ponerse al servicio como «mula» o transportista de un cartel mexicano para moverles la cocaína. Y el interior, pues dentro de este relato dramático y aparentemente ligero de su actividad delictiva, hay una profunda mirada del director hacia sí mismo, por viejo y por diablo, que de un modo sutil lo grapan emocionalmente al viejo Earl Stone.

Hablamos de Stone o de Eastwood, un tipo vitalista, mujeriego, con enorme capacidad de encanto y seducción, que se dedica con entusiasmo y éxito al cultivo y creación del arte floral, y que empieza a sospechar (y compensar) que las dosis de familia, mujer e hija, y trabajo y diversión que ha puesto en la coctelera de su vida no han sido las mejores… Hay, pues, sombras de arrepentimiento en la historia de Earl Stone, con magníficas secuencias con su mujer, hija, nieta…; y probablemente se deban de leer entre líneas esas mismas sombras en lo que atañe a Eastwood.

El por fuera de «Mula», o sea el drama y la intriga del relato, está construido de modo impecable, la sugerencia de las causas, como el maldito internet o el impecable currículum del personaje (una proyección del Kowalski de “Gran Torino”), o los contactos, los viajes, la relación con el mundo marginal y con el familiar… Quizá flojea, o no tiene auténtica pegada, el hilo paralelo de la investigación policial que conduce Bradley Cooper, pero lo mejor y lo esencial de la película está en el rostro y el interior de Eastwood y en su vaporosa confesión.