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Crítica de «Memorias de un hombre en pijama»: Contradicciones de un personaje

Un personaje sin gracia no anima una comedia. Con ese lastre, hasta el dibujo parece lento. El trazo, que tan buena impresión causa al principio, deja de convencer

Fotograma de «Memorias de un hombre en pijama»
Fotograma de «Memorias de un hombre en pijama»
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Trabajar sin corbata, sin horario y sin salir de casa es un sueño legítimo pero casi inalcanzable, que el protagonista del cómic de Paco Roca, un clásico moderno, cumple al convertirse en dibujante. El artista ya había visto traducido al cine su obra «Arrugas», premio nacional en 2008, cuya esencia y profundidad no arruinaba el cambio de formato.

En «Memorias de un hombre en pijama» el viaje es más accidentado. Sin ánimo de comparar historias tan distintas, no se puede obviar que Carlos Fernández no repite el milagro. El personaje central pierde cualidades. La voz (y en algún momento la imagen) de Raúl Arévalo tampoco suplen las carencias de una historia que, quizá temerosa de lo introspectivo del Paco original, lo traiciona en parte.

Este mantiene todo su patetismo, pero se ve despojado de los detalles que lo convertían en alguien a quien querer o, como poco, con quien identificarse. La aparición de una chica canibaliza sus torpezas domésticas y vuelve la historia más trivial. Rodeado por personajes poco agraciados, pierde hasta la gracia. No falta quien achaca estas contradicciones a la ideología subyacente, pero lo crucial es la falta de comicidad. Un tipo antipático puede hacer reír. Sobran ejemplos. Pero un personaje sin gracia no anima una comedia.

Con ese lastre, hasta el dibujo parece lento. El trazo, que tan buena impresión causa al principio, deja de convencer. Como cuando alguien no cae bien, se magnifican sus defectos y se obvian las virtudes. Que exista «Memorias...» es muy buena noticia. Se aprecia el esfuerzo y se valora el intento, notable, aunque el resultado no sea el idóneo.