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María y los demás (***): Bárbara Lennie y nadie más

Tan laborioso diagnóstico no es fruto de nuestra frustrada vocación psiquiátrica: es lo que esta película va desplegando ante nuestros ojos sin alharacas melodramáticas

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No se puede decir que María, la protagonista, sea un personaje trágico. Tiene un padre viudo al que cuida con esmero, quizá demasiado; tiene un empleo que tiene algo que ver con su vocación, ya que trabaja en una librería y quiere ser escritora; tiene un amante y le va bien, aunque no parece decidido a comprometerse del todo…

Como se ve, la felicidad de María pende en realidad de un hilo de cuya fragilidad ella es muy consciente, más que ninguno de los que la rodean que, de una forma u otra, sacan provecho de su disponibilidad. María está siempre para los demás, quizá aplazando el momento en el que empezar a realizarse, pero eso supondría enfrentarse a sí misma y verse colgando del hilo….

Tan laborioso diagnóstico no es fruto de nuestra frustrada vocación psiquiátrica: es lo que esta película va desplegando ante nuestros ojos sin alharacas melodramáticas pero sin menospreciar tampoco la devastación que sufre esta mujer.

Y todo lo entendemos muy bien a través del memorable, primoroso trabajo de Barbara Lennie. A uno le gusta decir que determinadas películas son un documental de un actor, de su gestualidad y sus movimientos, de su forma de dibujar un personaje redondo como los quería Forster: pues esto es uno de esos documentos irrepetibles de una actriz en estado de gracia.

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