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Crítica de «Mamma Mia: Una y otra vez». Lily James le roba el personaje a Meryl Streep

«Se vive la historia presente de esa hija, Sophie, de tres padres posibles y una madre, Donna, que ya no está y a la cual veneran todos»

Amanda Seyfried con Meryl Streep en «Mamma Mia,:Una y otra vez»
Amanda Seyfried con Meryl Streep en «Mamma Mia,:Una y otra vez»
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Vendría a ser como la Cara B de la película que hizo hace diez años Phyllida Lloyd sobre el musical y el espíritu del grupo Abba; o sea, segunda Cara pero igual de refrescante, veraniega y romántica que la anterior. Otro director, Ol Parker, otras canciones del mismo sello y con el valor (o riesgo) de no someterse al imperio y magisterio de Meryl Streep, que ya no es la protagonista, aunque su personaje sí lo sea, con la simpática y atractiva presencia de Lily James, un revoltijo de hoyuelos y optimismo que le añade más encanto, sentimentalismo y hasta picardía al relato, que no cambia en lo esencial. Algo del alma de Meryl Streep le queda, pero toda la carne del personaje se la arrebata Lily James sin que se oiga ni una queja en la sala.

Se vive la historia presente de esa hija, Sophie, de tres padres posibles y una madre, Donna, que ya no está y a la cual veneran todos, y se entrelaza con la historia pasada de aquella joven que tuvo tres bellos y saludables romances casi al tiempo (el cine permite guiños que la vida real más bien ensucia), que se cuentan aquí con detalle y coreografía. La estructura es simple, pero vistosa: lo que ocurrió entonces y lo que ocurre ahora, con Lily James y Amanda Seyfried, y con los tres pimpollos de entonces que son los tres simpáticos «carcamales» de ahora, Pierce Brosnan, Colin Firth y Stellan Skarsgard, que demuestran sin pudor su escaso sentido del ritmo (podría considerarse que verlos bailar es un «gag» más de la película) y que, a pesar de que controlan el paso (el del tiempo, mayormente) ya están más para villano de Bond que para Bond.

La misma isla griega, los mismos personajes, pero con la gracia añadida de filmar y mezclar los dos tiempos de aventura, y con un explosivo detalle que es lo mejor de la película, o lo más sorprendente y jocoso al menos: Las canciones de Abba se van empastelando con los acontecimientos y sentimientos, y aquí se tiene la buena idea (forzadísima, pero buena) de integrar la canción «Fernando» a la trama. Es un momento casi de carcajada. Aunque no sale más que un momento, la presencia de Cher en plan abuela rockera es como si se hubiera volcado la garrafa de aguardiente sobre las hojas del guion, y quien sea capaz de soportar eso y disfrutar con ello, verá también con agrado que se pongan ya con la tercera entrega.