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Crítica de «Litus»: Los amigos del muerto

«El texto es ingenioso, divertido, trágico, pedante, propone intriga y reflexiones sobre la amistad, el amor, la juventud, la fidelidad y otras asperezas de la vida»

Quim gutiérrez en «Litus»
Quim gutiérrez en «Litus»
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Siempre resulta complicado entrar a una pieza teatral y salir de ella con una película, y es lo que hace Dani de la Orden con «Litus», obra escrita por Marta Buchaca, quien también ha participado en el guion.

La procedencia escénica de la historia es obvia y se aprecia en que transcurre en un único espacio, un salón en el que se reencuentran un grupo de amigos tras el suicidio de uno de ellos, Litus, convocados allí por el hermano. La estructura se adecúa a la lógica dramática, con la presentación de los personajes y el cauteloso ir revelando secretos y relaciones entre ellos forzadas por la entrega de una cartas personales que les dirigió antes de morir.

Terapia de grupo en la que se lía y deslía la personalidad de los personajes y se modela la del ausente. El texto es ingenioso, divertido, trágico, pedante, propone intriga y reflexiones (de salón, precisamente) sobre la amistad, el amor, la juventud, la fidelidad y otras asperezas de la vida. Y también es fresco, gracias al puñado de interpretaciones también con fuerte olor a madera y tablas, y matizadas por la propia personalidad de los personajes, desde la ligereza a la severidad.

Quim Gutiérrez, en el papel del hermano, lleva el guion y la trama en su dorsal, aunque todos los actores tienen sus momentos estelares en la coreografía. Dani de la Orden, un director diverso (de «El pregón» a «Noche de invierno») está atento a la eficacia del primer plano y al equilibrio entre lo trágico y lo cómico. Le falta un segundo aire, quizá oxígeno, para llegar a «Los amigos de Peter».