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Crítica de «El increíble finde menguante»: Atrapado en el finde

El debutante Jon Mikel Caballero demuestra criterio en el uso de referentes evidentes y compone con ellos una ópera prima original, sin mayores efectos especiales que la tecla del pause, en una especie de flashmobs cósmicos

Imagen de «El increíble finde menguante»
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Un fin de semana en una casa rural se convierte en el día de la marmota a la española, con peculiaridades autóctonas y fecha de caducidad. El debutante Jon Mikel Caballero demuestra criterio en el uso de referentes evidentes y compone con ellos una ópera prima original, sin mayores efectos especiales que la tecla del pause, en una especie de flashmobs cósmicos. Sus personajes hablan de y juegan a las películas, pero obviamente no es la cinefilia la que salva el experimento.

Más mérito tienen las actuaciones del sexteto protagonista, al que se une como invitado Luis Tosar. Los jóvenes resultan creíbles, dentro de un planteamiento que exige algo de fe y hasta cierta capacidad matemática para entender por qué los bucles temporales se acortan y cuándo se agotará el finde menguante.

Tampoco es esencial hacerle la prueba del nueve a la propuesta, rodada con frescura, siempre alrededor del personaje que compone Iria del Río, quien ya coincidió con Nadia de Santiago en «Las chicas del cable». La omnipresente protagonista es una actriz con ángel, pareja ideal de un guión inteligente, habilidoso en su forma de sortear el mayor peligro del subgénero:que las repeticiones cansen.

La película de Caballero ganará premios y tiene argumentos para atraer, sobre todo a los treintañeros que retrata. La voluntariosa búsqueda de su protagonista para evitar el desgaste de una relación romántica no hace sino incrementar el cariño que se gana a pulso el personaje, igual que se agradece la falta de complacencia con la estética del perdedor que suele imperar en el cine generacional, porque no hay generación que no se haya sentido perdida alguna vez.