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Antonio WeinrichterAntonio Weinrichter

Crítica de Hotel Bombay: Sin consuelo, sin perdón

«En esta producción los muertos nos duelen, y tenemos cerca episodios de enajenados similares, si bien no tan brutales como este atentado a un hotel de Bombay, que ocurrió realmente»

Escena de Hotel Bombay
Escena de Hotel Bombay
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Esto es la versión hard core de «La jungla de cristal». Está bien filmada, casi tan bien como la pieza maestra de John McTiernan, con la que comparte el mérito, más que la virtud, de saber espectacularizar la violencia. Pero es dudoso que la pueda disfrutar un fan de este tipo de cine. Aquí no hay un Bruce Willis que salve el partido y el villano, al que no vemos (sólo oimos sus instrucciones y aviesas jacu(a)latorias por teléfono), no sólo no perece al final sino que sigue caminando entre nosotros, preparando más secuelas de las que pudieran imaginar mil McTiernans: hoy mismo leemos del conflicto de India con Cachemira y de cómo Pakistán pudiera mandarles manadas de yihadistas en represalia.

Quiere decirse que la violencia inmensa e inmisecorde (pero permitida porque, como dice el impulsor en la sombra, las víctimas sólo son infieles), que aquí vemos es realista. Es un concepto que el Hollywood corporativo de marvel-lucas y otros tebeos parece haber olvidado: para ellos, la violencia sigue siendo trepidante y divertida. Pero esto es una producción india (con un ojo en el mercado global: está a punto de haber un héroe blanco e incluso rubio) y los muertos nos duelen, y tenemos cerca episodios de enajenados similares, si bien no tan brutales como este atentado a un hotel de Bombay, que ocurrió realmente. Y que no tiene por qué no repetirse.