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«La historia de Jan» (**): Diario de un amor

Fecundo formato puesto al servicio de una acuciante necesidad personal

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Sin las pretensiones estéticas, narcisistas o ensayísticas que suelen acompañar al género del videodiario, he aquí un ejemplo de tan fecundo formato puesto al servicio de una acuciante necesidad personal.

En concreto, la que siente Bernardo Moll de documentar el proceso que vivirá con su mujer Mónica Vic a partir del momento en que saben que su hijo Jan va a sufrir el síndrome de Down. Una lotería fatal que otros padres quizá tratarían de ocultar pero que aquí ocupa el lugar central del diario filmado. Ocupa de hecho todo el metraje, todo el espacio, de la propuesta, apartándola del aspecto discursivo, asociativo, tentativo del genuino ensayo.

Pero este tipo de sutilezas lingüísticas no preocupan al matrimonio Moll Vic. Lo que documentan es el infinito entusiasmo, la inagotable paciencia que se requiere para ser, y para serlo 24/7 como dicen los anglos, padre, educador, entrenador, enfermero de una criatura de tu propia sangre.

El otro aspecto formal interesante de la propuesta lo consigue la película de rechazo, casi sin proponérselo y sin desarrollarlo: es un ejemplo, también, de un documental de seguimiento a lo largo del tiempo, subgénero que cuenta con unos cuantos ilustres ejemplos dentro del cine de no ficción, sin necesidad de recurrir al manido ejemplo de «Boyhood».