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Oti Rodríguez MarchanteOti Rodríguez Marchante

Crítica de «Green Book»: Melodía de teclas blancas y negras

«Con enorme astucia cinematográfica y un sentido del humor sin cohetería, «Green Book» abre las ventanas hasta lo íntimo de sus personajes (reales, por cierto)»

Escena de «Green Book»
Escena de «Green Book»
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Uno no va a ver una película de Peter Farrelly para que le correteen por dentro sentimientos; el director de «Algo pasa con Mary» o «Dos tontos muy tontos» es (o fue) un imán para aquellos que buscan en el cine soluciones grandes, explosivas y desvergonzadas para problemas pequeños, que es justo lo contrario de lo que que utiliza aquí para contar la historia de Tony Lip, un italoamericano bruto y zafio, y su relación con Don Shirley, un pianista negro, solitario y cultivado: pequeñas y emotivas soluciones para grandes problemas. El primero y mayor que aborda es que Shirley pretende hacer una gira de conciertos por lo más profundo del Sur de los Estados Unidos; son los años sesenta y los prejuicios raciales no son solo un lugar común, transitado y cómodo, sino también un lugar muy peligroso e incontrolado.

El viaje y las circunstancias por ese lugar es el envoltorio de «Green Book», pero en su interior, Farrelly alberga un cóctel enriquecido con otros ingredientes aún más complejos y difíciles de maridar que los de lo negro y lo blanco, como lo ordinario y lo extraordinario, lo grosero y lo elegante, el arte y el talento, lo vitalista y lo destructivo, el recelo y la fidelidad, el derecho y el deber… Con enorme astucia cinematográfica y un sentido del humor sin cohetería, abre las ventanas hasta lo íntimo de sus personajes (reales, por cierto), el tipo con labia, con recursos, que conoce la línea del hampa y sus rayas discontinuas, y con un impresionante doctorado en Incultura y Asociología. Y el hombre desarraigado, despreciado por aquellos que lo admiran y con una cultura y una educación que lo convierten en sospechoso entre «los suyos», que ni conoce a Aretha Franklin ni come hamburguesas. Los refugios de este hombre con clase y desclasado, como la soledad y otras sustancias, es la moneda suelta que intercambian para su relación estas dos personas tan lejanas entre sí. Las interpretaciones de Viggo Mortensen y Mahershala Ali tienen todos los componentes, matices y temperaturas, desde lo más jocoso a lo más digno, como para atiborrar de emociones la historia. Si hay alguien capaz de alterar el rumbo previsto de los próximos Oscar son ellos y «Green Book».