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Crítica de «Génesis»: La raíz amarga del amor

Los años más intensos de la existencia humana, los del nacimiento del deseo, tan a menudo no correspondido, se colocan bajo su cámara-lupa, tan pletórica de sensibilidad como gélida

Imagen de «Génesis»
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El canadiense Philippe Lesage empezó como documentalista y, de alguna manera, sigue documentando la vida a través de la ficción. En «Génesis» ilustra las vicisitudes del primer amor, ilustrado a través de las vivencias de varios adolescentes. Los años más intensos de la existencia humana, los del nacimiento del deseo, tan a menudo no correspondido, se colocan bajo su cámara-lupa, tan pletórica de sensibilidad como gélida, poseída por cierto espíritu de entomólogo, pese a los tintes autobiográficos de la película. El director y guionista cita a Leonard Cohen –«El amor es el único motor para la supervivencia»– como inspirador de su título, pero es más un descubrimiento antropológico que una forma de llenar la pantalla de pasión.

Cuesta algo entrar, por tanto, en el universo de Lesage, cuyos protagonistas se alternan sin conexión aparente. Ni siquiera son historias simultáneas en el tiempo. Su audacia narrativa ha sido muy apreciada por la crítica y por los jurados de festivales, aunque no todo el público sabrá apreciar la inteligencia de la propuesta, su forma de cuadrar la inspiración bíblica que delata el título y esa vocación casi científica.

Demuestra también el cineasta muy buen gusto a la hora de escoger a sus jóvenes intérpretes, amén de una capacidad innegable de dirigirlos con pericia. Sobresale Theodore Pellerin, quien ya estaba en «Los demonios», primero de los tres largometrajes no documentales de Lesage. No sorprende que la filmografía del actor sea ya más extensa que la del director.

La película es, en resumen, más realista que la mayoría de producciones recientes enfocadas en esos años mágicos y tenebrosos. Por eso mismo es también menos espectacular y su éxito será más limitado. Cabe resaltar la dignidad moral con la que «Génesis» asume su naturaleza, aunque alguna concesión mínima o un amor más cálido hacia los personajes habría ayudado a iluminar a otros públicos, que merecen conocer este camino, angosto y bello.