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Crítica de «Fortunata»: mamma Coraje

Una joven madre que lucha por salir adelante con una hija de 8 o 9 años que no siempre sabe agradecerle todos los sacrificios que hace por ella

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Sergio Castellito es un prolífico actor y director italiano que ha dirigido a Penélope Cruz en un par de ocasiones. Aquí tiene otra musa, Jasmine Trinca, que resulta plenamente eficaz en un tipo de papel muy agradecido: el de una joven «mamma coraje» que lucha por salir adelante con una hija de 8 o 9 años que no siempre sabe agradecerle todos los sacrificios que hace por ella. Muy agradecido pero hay que saber hacerlo sin andar mendigando compasión del espectador, como hace Trinca pese al cúmulo de desgracias que Castellito va tejiendo en torno a ella en la segunda parte de la trama. Porque esta Fortunata, de nombre casi irónico, tiene, en trance de separación, un marido que constituye una «manada» masculina por sí solo, un vecino que es el único que la hace reir pero arrastra la falta de brillo vital de quien no rige… y así sucesivamente. Hasta las risas cómplices con sus colegas peluqueras, o el comienzo de una relación de amor y de desclasamiento con un médico que nunca nos deja de resultar un poco sospechoso, se revelan solo espejismos en su valle de lágrimas.

Todo esto solo cae en el terreno del folletín, como decía, hacia el final de la historia, cuando además se descubre el trauma infantil que explica la pasividad y el fatalismo de esta infortunada Fortunata. El mérito de Castellito es no fiarlo todo a esa revelación y tomarse su tiempo en las escenas cotidianas del entorno de la mamma, como las que detallan la intensa relación que mantiene con su hija, otro ejemplo de actriz precoz prodigioso en una temporada en las que hemos visto las de «Verano 1993» o «The Florida Project».