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Crítica de «Familia al instante»: Vocación de padres

Lo cierto es que la película cumple. Diálogos divertidos en la parte inicial, instructiva fase de educación en grupo con otros padres prospectivos, la fase de embeleso al llegar los tres (¡tres!) vástagos a su hogar…

ABC
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Sean Anders es un director familiar: sus películas, comedias mayormente, se llaman «Desmadre de padre», «Padres por desigual» y la que ahora nos compete. Lo que quiere decir que se toma la familia a cachondeo. Ocurre que aquí aborda un tema potencialmente serio, la adopción de hijos por parte de una pareja todavía joven, y entonces el posible riesgo no es el del desmadre sino el del sentimentalismo: hasta nueva orden, si Hollywood aborda un tema así es para describir un arco que solo puede ser iris.

El propio Mark Wahlberg (simpático pero que aún no se gana una estrella en el paseo de la fama de los cómicos finos), que es el más remiso al plan, resume esta idea en un buen gag inicial, al negarse a mirar las fotos de un catálogo de niños adoptables para no emocionarse. Por supuesto, ese es el rumbo que la película se marca de cara al espectador: «intenta no hiperventilar cuando te lleve por zonas de tormenta emotiva», nos reta. Es una batalla que estamos condenados a perder, a poco que se hagan bien las cosas: ayuda que la mamá adoptadora sea Rose Byrne, muy eficaz siempre como antagonista de personajes más extrovertidos.

Lo cierto es que la película cumple. Diálogos divertidos en la parte inicial, instructiva fase de educación en grupo con otros padres prospectivos (buenos secundarios), la fase de embeleso al llegar los tres (¡tres!) vástagos a su hogar, las inmediatas crisis posteriores del trío, cada uno con su trauma de orfandad bien definido… Incluso hay algún golpe bajo, como la forma de eliminar de la trama cuando aparece a la madre biológica de los que ya son «sus» hijos, pero es el acorde disonante que sirve para endosarnos mejor el redoble final. Aunque este no es mi tipo de película, no engaña en sus objetivos, y es más difícil de hacer medio bien de lo que parece.